Política e impunidad

El Presidente de Guatemala se defiende de la acusación de ordenar la muerte de un conciudadano, indicando que servicios de inteligencia extranjeros deben investigar el asunto, pues la víctima dejó un vídeo anunciando su asesinato.

El descrédito de sus organismos investigativos es tan alto que hasta su propio Presidente los descalifica.

Guatemala tiene una historia escrita y ordenada desde Washington y ejecutada por  borregos criollos, capaces de cometer los peores crímenes para complacer y beneficiar los de afuera en contra de los propios.

Parte de esa historia de sangre pasa por República Dominicana participante activo en la política sucia Centroamericana durante la larga y maldita era de Trujillo.

El asesino Johnny Abbes García  dirigió en Guatemala las actividades terroristas que el tirano Trujillo ejecutaba para beneficio de los norteamericanos.

¿Qué abuelo de hoy no recuerda aquellos llamados al coronel guatemalteco Francisco Arana, a quien se avisaba a través de la emisora oficial del gobierno de Trujillo: La Voz Dominicana, que cuidara su persona porque peligraba su vida?

Arana, personajillo oportunista y sinvergüenza fue asesinado por conspirar a favor de politiqueros y militarotes de extrema derecha.

Uno de los paraísos que norma la impunidad es la disposición, constitucional o legal que fija término a la persecución judicial: la prescripción de la pena.

América está llena de asesinos y ladrones, violadores y terroristas que viven a pierna suelta de rentas producto de sus acciones delictuosas.

Los israelíes tuvieron que secuestrar en Argentina, donde vivía libremente, al genocida Adolf Heichmann,  jefe de las cámaras de gas donde murieron millares de judíos. Sólo así se hizo justicia.

Ese y otros grandes criminales nazis fueron sacados de Alemania hacia el cono sur por Estados Unidos que, en una disputa con los rusos soviéticos, secuestraron eminentes científicos hitlerianos quienes pusieron las bases, entre otras cosas, para la presente investigación del espacio exterior.

Estados Unidos y Europa cobijan, desde siempre, a criminales y genocidas, como Baby Doc, quienes viven regaladamente de rentas acumuladas con sangre y lágrimas de sus respectivos pueblos. Así murió en España Ramfis Trujillo y en otro país europeo el genocida africano Idi Amin Dada.

La prescripción, pues, es una patente de corso contra los derechos humanos. Recordemos, para sólo citar un caso relativamente reciente, los asesinados de Piedra Blanca, uno de los cuales grabó un vídeo denunciando que sería muerto al otro día, tal como ocurrió.

Pocos recordamos ese crimen de Estado ocurrido en este siglo.

¿Usted cree que en Guatemala le van a hacer caso al vídeo? Tienen el mal ejemplo de República Dominicana.