Política, el fin y los medios

El ejercicio político ha degenerado de honesto accionar ideológico movido por las necesidades o conveniencias de la sociedad, a negocio de compra y venta de cuotas de poder con cargo al erario y de poco beneficio para la sociedad. Ha sufrido una devaluación de méritos bajo el peso de una apreciada ambición. La mayoría de los partidos se preocupan poco por crecer en base a un criterio de bien común. Les basta con ser bisagra o comodín para sustentar a otros a cambio de unos beneficios materiales.

Con justificada razón, la Conferencia del Episcopado Dominicano expresa preocupación por lo que define como devaluación de la credibilidad en el ejercicio de la política y por el hecho de que la gente percibe que la política es un negocio de fácil enriquecimiento para unos pocos que escalan puestos en el Gobierno, y no un ejercicio de servicio a la sociedad y al bien común.

Durante la actual campaña electoral se ve cómo unos partidos se pliegan a otros por posiciones legislativas, municipales y por los cargos en instituciones tan infuncionales como la Liga Municipal Dominicana y otras. La convicción ideológica cayó en desuso y fue suplantada por el transfuguismo. Es un negocio en el que no cabe la democracia interna de los partidos, en el que sucumben los derechos. Es una mascarada en la que los fines empujan a tratar de justificar hasta los peores medios.

Haití: discordia y violencia política. La segunda vuelta de las cuestionadas elecciones de Haití, pautada para este domingo, ha tenido como preámbulo actos de creciente violencia, atentados contra el organismo electoral y el retiro casi forzoso de uno de los candidatos. La cooperación internacional, que no se manifestó sincera con motivo del devastador terremoto de 2010, tampoco ha hecho lo necesario para ayudar a organizar ese Estado y conducirlo hacia una democracia creíble.
Es perturbador que un país que no ha logrado organizarse como Estado, se enfrenta a una crisis política creada por las ambiciones. Algunos partidos políticos han aportado violencia y confusión. El fantasma del fraude electoral ha bailoteado en todo momento. Se justifica que tomemos en la frontera todas las medidas de seguridad necesarias para afrontar cualquier contingencia.