Política y guerra

Fue el patricio Juan Pablo Duarte el que en la primera mitad del siglo XIX nos legara este bello pensamiento: “La política no es una especulación; es la ciencia más pura y la más digna, después de la filosofía, de ocupar las inteligencias nobles.”

La grandeza del prócer es evidente en los aciagos momentos de la anexión a España durante la lucha restauradora cuando le expresa al Gobierno Provisorio: “Por desesperada que sea la causa de mi Patria, siempre será la causa del honor y siempre estaré dispuesto a honrar su enseña con mi sangre”.

Hemos querido iniciar este trabajo refrescando la mente de algunos desmemoriados, hoy montados en el corcel del poder, quienes se aferran a las riendas del mando supremo de la nación aunque para ello tengan que desvirtuar por completo nuestro legado duartiano. En la presente campaña electoral el candidato oficialista utiliza todas las malas artes habidas y por haber, incluyendo la diatriba, el engaño, el chantaje, la compra de adhesiones, la intriga, el libelo, las amenazas, el insulto, la calumnia y el irrespeto hacia su contrincante principal.

A pesar de que existe un cierto paralelismo entre la guerra y la política, lo real es que los términos no son sinónimos, ya que más bien la primera sirve como instrumento para los propósitos de la segunda. Parece que quienes han elaborado la estrategia de campaña del agrónomo Hipólito Mejía tienen metido hasta el tuétano la concepción de la guerra del general francés André Beaufre. En su libro titulado “Introducción a la Estrategia”, publicado en la década de 1960, este oficial francés entiende que en la contienda se deben emplear todo el poder económico, político, militar y demás recursos morales y psicológicos para obtener el triunfo. El accionar de Beaufre se encierra en los verbos: engañar, perseguir, amenazar, fingir, sorprender, forzar, cansar, romper y atacar al enemigo. La sociedad dominicana ha sentido conjugarse estos verbos en su carne y espíritu en todos los modos y tiempos desde agosto 2000 hasta el presente. Y es que el presidente ha estado haciendo campaña política revanchista y desconsiderada contra la oposición desde que se instaló como Jefe de gobierno aquel 16 de agosto.

El candidato pepehachista ha concebido el actual certamen como una batalla en la que vive arengando a sus acólitos para que ejerzan la violencia verbal y otras modalidades de fuerza bruta con la finalidad de retener el poder cueste lo que cueste y aunque se le oponga el mundo. Al darle ese matiz bélico hace cierta la frase que construyera Winston Churchill: “En tiempos de guerra la verdad es algo tan preciado que debe ser cuidada por un guardaespaldas de mentiras.” De Ahí que el equipo de palacio viva maquillando la realidad de las penurias, el hambre, las precariedades, enfermedades, deficiencias en los servicios públicos, el desempleo y el alto costo de la vida, tal cual si fuera una imagen paradisíaca, que es como el candidato perredeísta desearía que se la mostraran al pueblo.

¡Cuán distinta era la manera de proceder del fundador del Partido Revolucionario Dominicano, profesor Juan Bosch! Decía don Juan en 1970: “Yo no le tengo miedo a la verdad, y no me importa absolutamente nada quedarme solo por decir la verdad. No es ésta la primera vez y no va a ser la última que tendré que oír acusaciones y mentiras sobre mi actitud política… Hace ya mucho tiempo, tal vez casi treinta años, dije que una sola verdad, aunque esté escondida en el fondo de una cueva, tiene más fuerza que todos los cañones del mundo, y hoy sigo creyendo así.”

La calumnia, la mentira y el engaño pueden llegar a tener el efecto fugaz del rayo, sin embargo, la verdad se comporta como los rayos solares, tardan en su largo recorrido espacial, pero una vez llegan a la superficie de la tierra, alumbran tan fuerte, que ya para el mediodía son capaces de quemar la piel expuesta.

Impregnado con la sana y virtuosa mística duartiana, enriquecida con el pensamiento patriótico boschista, el pueblo dominicano derrotará la mentira palaciega en las urnas el próximo 16 de mayo llenando de votos morados las mismas. Para agosto de 2004 volverá al Capitolio la decencia, la modernidad, el progreso, el bienestar, la confianza y el respeto entre los ciudadanos.