Política y violencia

El país está sumido en una vorágine de violencia que, no conforme con los feminicidios, asaltos y muertes en el ámbito de la sociedad, incursiona a lo interno de los partidos políticos.
La muerte del profesor Mateo Aquino Febrillet es producto de esa alarmante situación que antes se daba entre grupos contrarios y ahora ocurre entre miembros de una misma organización.
Todo a consecuencia de la falta de una Ley de Partidos y por el torpe manejo de los conflictos creados por los intereses afectados con los desacertados métodos de elección de candidatos.
Influye también la arrabalización de la actividad política a tal grado que individuos que debieran estar cumpliendo condenas por sus hechos delictivos, ostentan diversas candidaturas.
Coexisten en los partidos mayoritarios provocando que las personas de respeto que puedan interesarse en la política partidaria se abstengan, dejando campo libre a estos antisociales.
Por eso cada día es mayor su presencia en la política, degradándola al extremo de dañar con su accionar la precaria democracia que disfrutamos y la tranquilidad pública.
Los dirigentes políticos miran para otro lado, pues las ideologías son cosas del pasado. Ahora predomina el pragmatismo, el populismo y el afán desmedido de llegar al poder sin importar los medios.
En este panorama sombrío, donde ya los partidos mayoritarios como el PLD y el PRM tienen sus propios muertos de campaña, seguirán ocurriendo actos de violencia producto de las luchas internas.
Es lamentable que así ocurra, pero viendo la falta de autoridad de la clase dirigencial ante los conflictos de intereses en sus partidos, y el tigueraje al que se le ha dado vigencia, ¿qué se puede esperar?