Políticas expansivas y choque externo

RAMÓN NÚÑEZ RAMÍREZ
Si la crisis heredada de la pasada administración demandaba una buena dosis de disciplina fiscal y monetaria, como en su momento reclamaba la cúpula del empresariado, ahora, ante los elevados precios del petróleo y el descenso de los ingresos provenientes de las zonas francas, un típico choque externo, es un imperativo el mantenimiento de la disciplina con la finalidad de preservar la estabilidad. En la pasada administración se atribuyó al choque externo provocado por los altos precios petroleros y la caída del turismo, por efecto del 11-S, la causa de las dificultades en la primera mitad de gobierno.

Efectivamente el precio promedio del barril de petróleo(el West Texas) se disparó de US$15.85 en el 1999 a US$30.30 en el 2000 y US$33.92 en el 2001, aumentando la factura petrolera de US$871 millones en el 1999 a US$1,505 en el 2000 y US$1252.2 millones en el 2001. El sector turismo decreció, en términos de su contribución al PIB, 2.4% en el 2001, en el primer semestre del 2002 se desplomó 8.6%, para cerrar ese año con una recuperación que permitió un modesto crecimiento de 0.9%.

El pecado original del gobierno anterior fue pretender en medio de un choque externo aplicar una política fiscal expansiva, especialmente gracias a la monetización de la primera emisión de bonos soberanos y el aumento indiscriminado del endeudamiento externo, mientras la política monetaria no corrigió los excesos que se verificaban desde el Poder Ejecutivo, más preocupado de arrasar en las elecciones del 2002 que en mantener diez años de estabilidad macroeconómica heredadas de dos gobiernos anteriores.

Estas políticas expansivas fueron la causa eficiente de un crecimiento inorgánico de 6.6% en el PIB en el primer semestre del 2002; el precio, la ruptura de la estabilidad cambiaria, pues a septiembre de ese año la tasa de cambio saltaba a una velocidad cuatro veces el promedio anual del ultimo cuatrienio y para la primera semana de octubre eran necesarios 20 pesos para comprar un dólar. A partir de ese momento los agentes económicos aceleraron la compra de dólares, unos para reducir sus pasivos en moneda extranjera, otros para proteger la devaluación de sus activos líquidos.

En la actualidad el país esta siendo impactado por otro choque externo, de mayor magnitud al más reciente, originado nueva vez en el repunte en los precios internacionales del petróleo superando cotas históricas y una caída en el sector de las zonas francas debido la eliminación de las cuotas multifibras, lo cual ha facilitado a los Chinos alzarse con una buena cuota del mercado mundial, gracias a los bajos salarios y la alta productividad en relación a sus competidores, incluyendo las zonas francas del Caribe y Centroamérica.

Para este año se estima la perdida entre 20-30 mil puestos de trabajo y de hecho el programa económico con el FMI plantea diferentes escenarios y la posibilidad de activar el mecanismo de integración comercial(TIM)en caso de que el efecto de la eliminación de las cuotas resulte ser mayor a lo proyectado.

En el año 2003, cuando se firmó el primer acuerdo con el FMI, el precio promedio del barril de petróleo West Texas rondaba los US$31.14 para una factura petrolera de US$1,416 millones, en el 2004 para un precio promedio de US$45.00 del barril la factura ascendió a US$1,667 millones. En este 2005, de mantenerse los precios en una franja de 50-55 dólares el barril, llevaría los gastos en combustibles y petróleo crudo a una suma superior a los US$2,200 millones. El programa económico con el FMI contempla una importante reducción en el superávit en cuenta corriente por efecto del vencimiento de las cuotas textiles y la recuperación de las importaciones, pero el programa no contempló el impacto sobre la balanza de pagos de un barril de petróleo moviéndose cerca de los 60 dólares.

En medio de este choque externo, cuyo desenlace es impredecible debido a la volatilidad en los precios internacionales del petróleo, ciertos sectores, que aparentemente han olvidado el país está sujeto a un programa de ajustes con el FMI, se quejan de la falta de liquidez de la economía y mientras unos consideran necesario el gobierno incremente el gasto para estimular las actividades económicas, otros estiman conveniente que el Banco Central aumente la base monetaria para permitir el deslizamiento de la tasa de cambio a niveles supuestamente compatibles con la competitividad de los sectores generadores de divisas.

Si la crisis heredada de la pasada administración demandaba una buena dosis de disciplina fiscal y monetaria, como en su momento reclamaba la cúpula del empresariado, ahora ante los elevados precios del petróleo y el descenso de los ingresos provenientes de las zonas francas, un típico choque externo, es un imperativo el mantenimiento de la disciplina con la finalidad de preservar la estabilidad.

El camino es bien claro: preservar la estabilidad sacrificando crecimiento económico o perdemos la estabilidad ante la quimera de un crecimiento, por lo demás insostenible, en medio de un choque externo.

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