¿Políticos “talla única”?

En la etapa púber siempre me llamó la atención, en mis visitas a las tiendas, la advertencia que el dependiente transmitía a la clientela que procuraba determinada prenda de vestir, que la ofertada era “talla única”.

Quizás la poca experiencia en el lenguaje del que busca promover su mercancía (ahora se dirá aplicación de estrategia mercadológica) no me permitieron asimilar entonces la abierta vocación del vendedor para convencer al comprador de que era ese artículo lo que él necesitaba en el momento.

Transcurrido el tiempo, aprendí que los ardides y entrenamientos psicológicos dan resultados, cuando se trata de convencer al comprador.

Mis estudios de publicidad, promoción de ventas y mercadotecnia, afines a mi profesión de periodista, me llevaron mucho después a entender mejor el mundo que nos rodea, y cómo derivar mayores beneficios de una sociedad en transformación constante. Lamentablemente, no sabía que la astucia, ni la habilidad debían ir íntimamente ligadas a la teoría. Mi ingenuidad me traicionó.

El relato, intrascendente si se quiere, adquiere valor hoy cuando el político de profesión busca afanosamente “colarse” en cualquier boleta electoral, no importa si tránsfuga.

Si aspiro por el PRSC y me ignoran, trato de “colarme” en otro de los tantos grupos que “democráticamente” la Junta Central Electoral acepta.

Ya no se trata de un simple transfuguismo, ahora es a la brava que muchos procuran insertarse en las boletas del 2016. La política, como nos enseña del estribillo del merengue, es una barbaridad. Pero no para todos.

Para el 2016, año de elecciones presidenciales, congresuales y municipales, falta poco. Los sueños, sentenciaba Calderón de la Barca, “sueños son”.

Tendremos que asistir a muchos teatros, a desasosiego… y a muchos desengaños.
Los políticos del patio no han aprendido a vestir partido “talla única”, ahora les sirve cualquier prenda.

Eso de fidelidad partidaria de por vida pasó a la historia.