Por donde subir la loma

UBI RIVAS
Cada ocasión que las circunstancias me acercan a Pepín Corripio, no solamente lo escucho detenidamente, sino que reflexiono cada una de sus palabras y conceptos y les aseguro que he aprendido “un lote”.

En esta ocasión no fue la personal, que disfruto de veras, sino una reflexión que Pepín Corripio expuso en el capítulo del XI Congreso Académico-Empresarial que auspició la Universidad Católica Santo Domingo (UCSD), en la cual Pepín soltó perlas de mayor valía que las famosas de Mikimoto.

Expuso un decálogo de experiencias que son símiles de estrategia para triunfar, sin la ostentación del triunfalismo pedante de los sesohuecos. Y subir la loma por lo más agreste y difícil.

Trabajo, meta, constancia, sencillez, unidad familiar, reinvertir los beneficios no ostentarlos, constancia de acero, los dos pies puestos en RD y finalmente la intervención de los designios divinos en el proceso.

Elegir lo que vamos hacer con nuestras vidas temprano, don Manuel Corripio se decidió por el trabajo a los 12 años porque entre los 25 y los 30, decidirse, puede cogerle “lo tarde” y truncarse. Este servidor imitó sin saberlo a don Manuel, también a los 12.

“Cumplir los compromisos escritos y verbales es una cualidad humana y es, además, un buen negocio para todo el mundo”.

Ese fue a mi juicio el más denso y aleccionador de los conceptos emitidos por el notable empresario, porque Pepín Corripio honra la palabra como en antaño un pelo de bigote tenía más fuerza que un cheque.

La sabiduría para uncirla a la producción, auspiciar la cultura, el buen decir de Pepín Corripio es realmente una universidad y entre sus múltiples juicios, uno que siempre me ha cautivado es que el homo sapiens agradece en realidad el favor próximo, no el pasado.