Por ejemplo Margarita Cordero

Millizen Uribe

A la juventud dominicana suele exigírsele mucho. Que tenga valores. Que asuma comportamientos éticos y morales. Que cultive éxito y se supere sin corromperse y que sea compromisaria con el cambio. Pero los buenos ejemplos públicos, a nivel político, social y económico, que puedan servir de referente a esta generación son pocos.

En el periodismo también sucede. Es difícil hallar quienes personifiquen la criticidad, entrega y vocación de servicio que se predica en las aulas.

En muchos casos, la práctica contradice aquella teoría de que la misión es ser la voz de los que no tienen voz. Se prefiere comulgar con los poderosos. Renunciar a la criticidad, con tal de sentarse en su misma mesa o ser beneficiario de sus boronas.

En consecuencia, al mirar el periodismo dominicano se ve el panorama que describe Juan Bosch en su cuento “La mancha indeleble”: muchas personas quitándose la cabeza.

Pero no todo está perdido. No es verdad que todos son iguales. Quedan buenos periodistas. Cuando el lunes pasado Margarita Cordero recibió el Premio Nacional de Periodismo 2015 se puso de relieve un ejemplo del buen y correcto periodismo.

Se enseña una ruta diferente, más angosta, más árida, pero mucho más satisfactoria, de triunfar. De alcanzar el éxito.

No nos equivoquemos. El éxito aquí, en la vida de Margarita, no es alcanzar un premio, ni siquiera uno tan prestante como éste. El éxito es toda una vida de ejercicio ético. Portando y canalizando inquietudes ciudadanas de un país democrático, justo, donde todos, no un grupito, vivan con dignidad.

El éxito es mantenerse valiente y pararse en el Palacio Nacional, frente al poder político y económico de este país, y decirle en la cara que ellos son corresponsables de la agonía del periodismo por acudir con frecuencia al mercado de conciencias.

Es ser una Montesinos y convertir el premio en un púlpito para gritar alto, con su voz calmosa pero ideas estruendosas, que la ocasión es agridulce porque se resalta un buen periodismo, mas una parte importante renuncia a hacer preguntas incómodas y opta por las complacientes o, lo que es peor, el silencio cómplice.

Es cierto que técnicamente el periodismo ha avanzado, pero no basta con lo tecnológico. Hace falta que tenga memoria y que cumpla su rol de perro guardián de la construcción de una sociedad democrática.
Abundan las bocinas y los interactivos y faltan trabajadores de la prensa que se espanten ante graves y recurrentes violaciones de derechos humanos, ignorancia del interés general y construcción de una sociedad cada vez más inequitativa y desigual.

¡Qué bueno que existe Margarita Cordero! Que se mantuvo firme y no cedió a las mieles del poder ni renunció a sus principios.

¡Ojalá existan muchas más! No importa que sean un poco cascarrabias o complicadas como ésta. Bastará que sean de su talla profesional para que en el periodismo y en República Dominicana quede esperanza.