¿Por encima de la ley?

Lo menos que puede uno esperar de un atleta que ha cumplido un riguroso programa disciplinario en ligas mayores, es que se coloque por encima de las leyes de su país.

Sería injusto si los midiera a todos con el mismo rasero, pero de que los hay… los hay.

Me intrigaba desde hace días que costosos vehículos que transitan en días de pelota por el llamado Corredor de la Kennedy, circularan desprovistos de placas.

En más de tres ocasiones presencié que patrulleros policiales, talvez en el entendido de que sus conductores tenían perfiles de sospecha, daban órdenes de detención.

Y constaté, en cada uno de los casos, que tras un breve diálogo con sus conductores, los agentes los dejaban continuar marcha libre… con la violación a cuestas.

Bajo el impulso de la curiosidad periodística, inquirí las razones por las cuáles se permitían esas violaciones, y alguien no vaciló en darme la respuesta: “Esos son peloteros”.

¡Válgame Dios! si por jugar pelota, dar batazos y correr bases  son méritos suficientes para violar las leyes impunemente, estamos fuñidos.

Aficionado al béisbol profesional desde mi infancia, no recuerdo haber visto jamás a los hermanos Rojas Alou, o al inmortal Juan Marichal – siempre afable y sencillo con los contertulios de la San Martín e Hilario Espertín – al Rico Carty o a Manuel Mota circular por las calles  sin placas en sus autos.

Lo peor de todo es que jóvenes deportistas pretendan erigirse en caciques de la república.

¿Y si ocurriese un accidente? ¿Cómo identificar al responsable de la imprudencia?