Por los carnavales dominicanos

Escoger el tiempo para vacacionar coincidiendo con la celebración de  una actividad cultural, es una solución que ofrece conocer tanto el país como sus diversas tradiciones. La actual es una época propicia para recorrer el país, cuando la mayoría de los pueblos celebran su Carnaval.

  Las fiestas de Carnaval la trajeron los españoles al momento de la colonización y conquista a partir del Siglo XVI, quienes antes de la Cuaresma realizaban las fiestas llamadas Carnestolendas, en las que salían varias comparsas disfrazadas con máscaras.

Esta fiesta tenía como finalidad la diversión. El público se tiraba aguas perfumadas y huevos. Terminadas las fiestas el pueblo debía guardar recogimiento por el inicio de la Cuaresma.  En el país estas fiestas coinciden con las fiestas patrias que se celebran el 27 de febrero. Los disfraces reflejan la creatividad de los participantes, los cuales aparecen de variadas formas,  algunos pintan sus cuerpos o emulan a santos y políticos.  

La alegre y colorida  tradición del Carnaval dominicano

Según afirman  investigadores, el Carnaval de la provincia de La Vega es el más antiguo del país, introducido por el español Álvaro Castro en el 1514.

 El personaje central de esta actividad es el Diablo, el cual aparece desenfadado y divertido representado por distintos grupos de diablos o comparsas, propinando duros vejigazos a todo aquel que se le cruce en el camino. 

Para el maestro caretero Carlos Francisco  Marte “Cayoya”, “El Diablo es un tipo buen mozo, con una nariz grande y perfilada. Consumido sí, pero juguetón y agresivo.  Este carnaval se ha ido transformando, por lo que en los alrededores del parque central de La Vega, actualmente se aprecian nuevas caretas, inspiradas en personajes de películas. 

Santiago.   La provincia de Santiago, durante este mes celebra su Carnaval, con los Lechones.

Investigaciones que realizó el extinto folklorista Fradique Lizardo, refieren que hubo dos épocas de introducción de la fiesta de carnaval en Santiago, una es en el período colonial y luego se reinicia en una segunda época.

Tras la Guerra de la Restauración cuando nuevamente inició una migración española.

Los primeros Lechones, según el folklorista Tomás Morel, “surgieron como guardianes galantes, espontáneos y celosos de las comparsas. Iban delante de ellas, foete en mano, cuidándoles el camino, cuidándola de la enardecida y alegre muchedumbre que se anteponía a su marcha”.  Con el paso del tiempo, los Lechones se agruparon en sus barrios de origen, La Joya y Los Pepines y para diferenciarse uno de otros crearon las primeras variantes de las máscaras que actualmente se exhiben.

Además de dichas máscaras los Lechones, usan unos trajes de dos piezas ceñidos al cuerpo, amarrados a la cintura con un largo cinturón que le da varias vueltas y popularmente llamado “morcilla”. 

Montecristi. En este hermoso pedazo del país elementos de la cultura africana y españoles se funden para dar paso todos los domingos del mes de febrero a la fiesta más antigua del país, el Carnaval de los Toros y Civiles . Tradición que probablemente se deriva de las fiestas taurinas, propias de España. En sus inicios el jefe de la actividad salía disfrazado y montado a caballo recorría las principales calles del pueblo tocando una corneta que indicaba el inicio de la pelea entre Toros y Civiles.

 Cotuí.  En el poblado de Cotuí, perteneciente a la provincia de Sánchez Ramírez,  se desarrolla uno de los carnavales más singulares del país y que guarda estrecha vinculación con nuestros antecesores africanos.

Cotuí fue muy codiciado por sus minas de oro, por lo que es probable que africanos que trabajaban en ellas, recreasen algunos de los disfraces que habían conocido en su tierra.  El traje de los Platanuses, se acompaña de una máscara realizada con el fruto del higüero y en comejen.

 Bonao.  Este Carnaval nace de las fiestas que se hacían  para  1930 en el Casino Yuna y  el Bonao Country Club.

En  1940  surgen  en los barrios  varias comparsas, entre las que destacan las de Indios  y Macaraos , que desde entonces hasta los 80, salían de manera independiente por el pueblo, hoy la mayoría se encuentran agrupadas.

Desfile Nacional

En los barrios que componen Santo Domingo, durante  febrero  pueden verse, individuos disfrazados y comparsas carnavalescas. Algunas muy tradicionales como   “Se me muere Rebeca”, que representa a una mujer que lleva  en sus brazos a un muñeco que simula un niño  grave  y que va de colmado en colmado pidiendo algunos pesos, alguna cerveza o botella de ron.