¿Por qué EU es tan religioso?

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NUEVA YORK.- La elección de 2004, en la cual conservadores religiosos ayudaron a George W. Bush a conservar la presidencia, plantea un interesante interrogante económico: ¿Por qué Estados Unidos, la democracia más próspera y educada del mundo, es tan religioso?

Estados Unidos es más bien inusual en este aspecto, un enclave de intensa devoción religiosa en el club principalmente laico de democracias industrializadas. La diferencia ha intrigado desde hace mucho a los expertos, quienes han creido que la religión y la modernidad simplemente no se mezclan, que el desarrollo económico conduce naturalmente a menos fervor religioso.

Pero en los últimos 10 años, un creciente grupo de sociólogos predominantemente estadounidenses ha desplegado una teoría nueva para explicar el comportamiento aparentemente anómalo de Estados Unidos: la economía ofertista. Los estadounidenses, dicen, son fervientemente religiosos porque hay demasiadas iglesias compitiendo por su devoción.

La sociología de la vieja escuela sostiene que conforme las naciones se vuelven más prósperas, saludables y educadas, la demanda del apoyo que da la religión declina.

La gente no pierde repentinamente la fe conforme se enriquece, argumentan estos sociólogos. Más bien, gradualmente van menos a la iglesia, reduciendo la exposición de sus hijos a la religión. Mientras tanto, las instituciones laicas asumen funciones, como la educación, anteriormente controladas por la iglesia. La práctica religiosa, arguyen, mengua de una generación a otra.

En términos económicos, la demanda de religión desciende conforme sus beneficios percibidos disminuyen comparados con el costo de la participación. O, como declaró el famoso antropólogo Anthony Wallace en los años 60: “El futuro evolucionario de la religión es la extinción”.

Las democracias industrializadas en Asia y Europa parecen confirmar esto. Según el Proyecto Pew sobre Actitudes Globales hace dos años, sólo 20 por ciento de los alemanes, 12 por ciento de los japoneses y 11 por ciento de los franceses dicen que la religión desempeña un papel muy importante en su vida. En un sondeo multinacional de 1991, un cuarto de todos los holandeses dijo que era ateo.

“Si se toma el Indice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas y se analizan los 20 países superiores, 19 de ellos son muy laicos”, dijo David Voas, demógrafo y sociólogo de la religión de la Universidad de Manchester en Inglaterra.

Pero esta línea de análisis no puede representar al país más moderno y rico de todos ellos. Según el sondeo Pew, 60 por ciento de los estadounidenses dijo que la religión tenía un papel muy importante en su vida; 48 por ciento creía que Estados Unidos tiene una protección especial de Dios; 54 por ciento dijo que tenía una opinión “desfavorable” de los ateos.

Y la expresión religiosa en Estados Unidos parece haber crecido, no disminuido, con el desarrollo socioeconómico. Según Roger Finke, sociólogo de la Universidad Estatal de Pennsylvania, en 1890, 45 por ciento de los estadounidenses eran miembros de una iglesia. Para 2000, esa cifra era de 62 por ciento.

“El laicismo sólo se sostiene en Europa”, dijo Peter Berger, profesor emérito de religión, sociología y teología de la Universidad de Boston.

Berger fue anteriormente destacado proponente del modelo de desarrollo de “secularización”. Pero ha cambiado a la opinión ofertista. Esta señala que a demanda de la religión tiene poco que ver con el desarrollo económico. Más bien, lo que crea el cambio es la oferta de servicios religiosos.

Es decir, los estadounidenses asisten más a la iglesia y son más píos que los alemanes o los canadienses porque Estados Unidos tiene el mercado religioso más abierto, con decenas de denominaciones religiosas que compiten vigorosamente para ofrecer su tipo de salvación, volviendose extremadamente atentas a las necesidades de sus feligreses.

“Hay una falta de regulación que restringa a las iglesias, de manera que en este mercado más libre hay una mayor oferta”, dijo Finke.

Los proveedores de religión entonces tratan de avivar la demanda. “La demanda potencial de religión tiene que ser activada”, dijo Rodney Stark, sociólogo de la Universidad Baylor. “Entre más miembros de clero salgan a trabajar para extender sus congregaciones, más personas irán a la iglesia”.

Finke señala que esta teoría del libre mercado también se adapta bien a la explosión de la religión en toda Latinoamérica, donde el debilitamiento del monopolio católico ha llevado a todo tipo de iglesias cristianas evangélicas a un aumento general de la expresión religiosa.

Los ofertistas dicen que su modelo explica incluso a la Europa laica. Los europeos, argumentan, son fundamentalmente tan religiosos como los estadounidenses, con preocupaciones metafísicas similares, pero padecen por un mercado poco competitivo: iglesias casi monopólicas que han sido protegidas de la competencia por el Estado. “Dondequiera que se tenga una iglesia de Estado, se tendrán iglesias vacías”, dijo Stark.

El argumento del libre mercado no es absolutamente hermético, sin embargo. Los Estados islámicos, por ejemplo, tienen iglesias casi estatales muy fuertes y una alta participación religiosa. Y algunos sociólogos europeos argumentan que hay mucha más competencia religiosa en Europa de lo que reconocen los ofertistas.

Y en Estados Unidos, los estados y condados más religiosos son los más dominados por una sola denominación -mormona, bautista o protestante- no aquellos donde hay más competencia, dijo Voas.

Cualesquiera que sean sus incovenientes, la teoría del libre mercado también podría ofrecer solaz para aquellos preocupados por la influencia de la religión en el gobierno estadounidense. Eso es porque la teoría expresa que para que la religión prospera, debe seguir claramente separada del Estado.

“Nuestro pluralismo ayuda a la expansión de la religión”, dijo Gary Wills, el historiador. “La separación de iglesia y Estado protegió a la religión del anti-clericalismo”.