¿Por qué los gobiernos les tienen miedo a los choferes?

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El presidente Balaguer, en los finales de 1961, desmembró al Partido Dominicano repartiendo sus bienes especialmente entre los choferes, a los cuales se les entregaron vehículos de todas clases, no sabía que estaba engendrando un peligroso monstruo que a los pocos años harían tambalear a los gobiernos con sus huelgas y exigencias, que se traducían en jugosas dádivas que ahora les permite a algunos de sus dirigentes aspirar a jugar para ser presidentes de la República, sin ni siquiera poder articular una frase completa.

Fruto de la complacencia de los políticos con sus devaneos populistas, y no querer controlar a los rebeldes choferes y su continuo accionar de huelgas, agresiones y exigencias de exoneraciones es que en Higüey los choferes paralizaron la región porque a uno de sus dirigentes se le incautó un vehículo o que los camioneros paralizan sus transportes de carga a Haití por las agresiones y exigen ser protegidos por soldados dominicanos, como si tal cosa fuera tan sencilla de que militares penetraran en territorio extranjero, aun cuando fueran vestidos de civil.

O sea que los choferes, empresarios, políticos y sindicalistas, en su creencia de que son todos poderosos y que los gobiernos les deben sumisión, les presentan las más variadas exigencias que van desde tener escolta militar y policial, exoneraciones de todo tipo, violar todas las leyes de tránsito circulando por la libre y doblegar a los empresarios que no pueden tener flotas de transporte, tanto en el sector turístico, industrial y mucho menos en el agropecuario.

Ya las exigencias, aparte de interrumpir el tránsito por las avenidas capitaleñas, agredir a los llamados piratas, confirma la libertad conque hacen esas cosas. La complacencia de las autoridades que dan las espaldas y miran para el otro lado para permitir sus desmanes, ha llevado a los dirigentes choferiles a creerse que son muy temidos o amados por el pueblo que se refleja cómo sus dirigentes, con la movilización de sus tropas aguerridas y turberas, presionan a la Junta Central Electoral para exigirles el reconocimiento de sus partidos para participar en las próximas elecciones, a cuenta que sus candidaturas son imbatibles y cuentan con la bendición de algunos comunicadores que en sus medios proyectan a los dirigentes choferiles como probos ciudadanos.

El rosario de desmanes se remonta desde los finales de las década del 60 del siglo pasado. Una simple ordenanza municipal, de convertir las avenidas Bolívar e Independencia de una vía, generó una violenta huelga que el explosivo Unachosin hizo tambalear al gobierno del doctor Balaguer logrando un paquete de concesiones a los choferes para aplacar las protestas, en una época en que el país se enderezaba del turbulento y reciente pasado de 1965 de gran heroísmo cívico, que las secuelas sangrientas se extendieron al exterminio con suma facilidad de dirigentes de izquierda.

El chorro de los millones de pesos que los gobiernos les han otorgado a los dirigentes choferiles ha servido para imponer el caos en el tránsito público, ya que esas exoneraciones eran supuestamente para sacar de circulación los destartalados carros de concho y las voladoras, cosa que no ha ocurrido y vemos con el desenfado que circulan vehículos en condiciones deplorables que ni seguro tienen y mucho menos las puertas completas, y cuidado si un Amet se atreve a pararlo ya que de una vez arman una movilización para interrumpir el tránsito con un entaponamiento fastidioso, exigiendo libertad y respeto para un padre de familia. De ahí vemos cómo una mezcla variopinta de vehículos circula por las calles desde los carros chinos de Marte, con los minibuses azules de Hubieres y con los camiones exonerados de Peralta junto a un destartalado Toyota de 1980 o hasta un bien conservado Austin.

En la práctica, se ha visto a través de los años, a los gobiernos atemorizados por los sindicatos de choferes a quienes no se les somete a cumplir las leyes, en cambio, han preferido darle toda clase de prebendas para mantenerlos tranquilos y hasta no se dudaría que a la JCE podrían presionarla para que aprueben los partidos choferiles y continuar atendiendo a sus demandas en un ambiente político que se perfila hacia un panorama con un partido único.