Por qué no hay izquierda electoral

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La candidatura de Guillermo Moreno con el MIUCA en las elecciones presidenciales y el reciente anuncio del Frente Amplio de Lucha Popular (FALPO) de que podría presentar candidatos en futuras elecciones, deberían motivar una discusión sobre la izquierda en el país.

En el contexto latinoamericano, la República Dominicana ha permanecido rezagada sin cuajar una alternativa de izquierda electoral en la última década.

Las experiencias latinoamericanas son diversas, pero es claro que un grupo de partidos y movimientos políticos ha llegado al poder con discursos y reformas de izquierda.

En países como Brasil y Chile, la izquierda llegó amparada por un partido socialista que precedía la transición democrática: el Partido de los Trabajadores y el Partido Socialista.

En Venezuela, el colapso del sistema partidario clientelista de los demócratas cristianos y socialdemócratas, dio paso a un régimen proclamado socialista de extracción militar.

En Bolivia y Ecuador, los movimientos electorales de izquierda han recibido un fuerte apoyo de los indígenas, históricamente excluidos del poder político y económico.

En Nicaragua, el retorno de Daniel Ortega al gobierno se ancló en el antiguo movimiento sandinista de origen revolucionario.

Estos partidos y movimientos políticos han llegado al poder mediante elecciones, reivindicando temas de exclusión e inequidad social y la necesidad de abordarlos.

¿Por qué en República Dominicana no ha sucedido lo mismo? La explicación es multi-causal y aquí se plantean siete razones.

1. Durante los 12 años de Balaguer (1966-1978) la izquierda electoral fue copada por el PRD. Las organizaciones comunistas no tenían planes ni intereses electorales, y cuando Juan Bosch fundó el PLD lo hizo con una crítica a las elecciones.

2. Después de la transición política de 1978, comenzó a gestarse un tripartidismo que permitió al PLD captar electores descontentos con el PRD entre 1986 y 1990  y con el PRSC a partir de 1996. En uno y otro caso, el ascenso electoral del PLD se produjo sin que ese partido asumiera un discurso o práctica de izquierda, a pesar de sus orígenes políticos en la crítica social boschista.

3. La izquierda marxista dominicana se ha caracterizado por el dogmatismo político y un alto nivel de fragmentación organizativa, que han dificultado la conformación de un movimiento socialista de gran alcance electoral.

4. Los partidos principales del sistema han integrado de manera clientelista un amplio segmento de la izquierda marxista dominicana. Algunos pequeños partidos que fueran de izquierda han concurrido a las elecciones en alianza con el PRD o el PLD, incluso oscilando según el partido que se perfila ganador.

5. Para forjar un  movimiento de izquierda electoral fuerte, se necesita que un amplio segmento de la población lo asuma como proyecto alternativo. Los pobres pueden constituir un bastión importante de apoyo. Pero en República Dominicana, entre los pobres, hay un segmento importante de haitianos que carece de derechos políticos.

6. La clase media baja dominicana, que también podría constituir un bastión importante de apoyo electoral a la izquierda, ha experimentado un fuerte proceso migratorio que la desmoviliza. Unos ya emigraron a países desarrollados, otros aspiran a emigrar, y otros reciben remesas para acomodarse.

7. El electorado dominicano es fundamentalmente conservador. En encuestas políticas, una mayoría de la población se define de derecha, en una proporción mayor que en otros países latinoamericanos. Además, a pesar del descontento político que puedan sentir, no son proclives a las grandes movilizaciones sociales que en países como Bolivia han servido de iniciación a las opciones electorales de izquierda.

Como resultado, en el contexto socio-político dominicano, el desencanto con los partidos mayoritarios no se traduce en la emergencia de una alternativa política de izquierda que reivindique los derechos de los marginados y excluidos.

Para impulsar un movimiento electoral de izquierda en la República Dominicana, se requerirá de mayores niveles de unidad de las organizaciones socialistas, con un nuevo liderazgo aglutinante, capaz de relacionarse con amplios segmentos de la población pobre y de capas medias, en base a propuestas de reformas socio-económicas y políticas que profundicen la democracia.