¿Por qué no puede dejarse a las
pymes a merced del mercado?

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POR MARIO MENDEZ
Alberto Polanco ha tenido la suerte que no han tenido otros muchos pequeños empresarios del país: lograr un desarrollo sostenido de su empresa Amerimport, una especie de ferretería industrial que empezó con tres empleados en el año 1984 y hoy tiene 30, repartidos en dos sucursales.

Una investigación hecha en el país sobre la evolución de las microempresas y pequeñas empresas en la República Dominicana durante el período 1992-1993, financiada por el Fondo pra el Financiamiento de la Microempresa (Fondomicro), determinó que a nivel nacional, la tasa de nacimientos de pequeños negocios fue de 26% por ciento, equivalentes en términos absolutos a 87 mil nuevas empresas, mientras que la tasa de desaparición fue de 30.3 por ciento, lo cual quiere decir que dejaron de existir unas 100 mil unidades.

Ese estudio determinó, igualmente, que sólo el 37% de las empresas existentes crecieron, en términos de número de empleados; mientras que el 40.7 por ciento permanecieron iguales, y el 22.2 por ciento disminuyeron.

Ésto confirma que sólo una pequeña proporción de los pequeños empresarios han podido lograr que sus empresas logren un crecimiento sostenido, como el alcanzado por Amerimport.

Cuando le preguntamos a Polanco cómo ha logrado que su empresa haya crecido de manera sostenida, su respuesta fue que su situación es muy particular, ya que él tuvo una formación universitaria, además de su formación técnica en el área administrativa, y ha contado con el apoyo de varios programas dirigidos a dar capacitación y asistencia técnica a las pequeñas empresas.

Según explica, el Instituto de Formación Técnico Profesional (Infotep) se ha convertido en una verdadera palanca para mover a su empresa, a través de sus programas de capacitación y asistencia técnica.

Afirma que igualmente importante ha sido la cooperación que ha recibido de los programas que se ejecutan en el país con fondos de la Unión Europea, especificamente del Programa de Apoyo al Sector Privado (PASP) y del Programa de Apoyo a las Pequeñas Empresas Dominicanas (Proempresa).

“Esto me ha permitido desarrollar a mi empresa con mucho más facilidad, y formar a mi gente”, expresa.

Ese no ha sido el caso de muchas empresas gerenciadas por personas que no han alcanzado el nivel educativo de Palanco y que tampoco han tenido acceso a programas alternativos de asistencia técnica y capacitación que respondan a las necesidades de los pequeños negocios.

El nivel educativo de la población dominicana es bajo. La tasa de analfabetismo en el año 1994 era de 19.6% y el 55.2% de los jefes de hogar apenas tenían la educación primaria, y de éstos, sólo el 8.4% había concluido este nivel.

Según afirma una investigación financiada por el Fondo para el Financiamiento de la Microempresa (Fondomicro), con la cooperación del PASP, “esta situación constituye una desventaja competitiva para las empresas, pues la calificación de los recursos humanos es una de las piedras angulares para la inserción de las empresas en los nuevos esquemas de mercado con los adecuados niveles de competencia necesarios”.

Al limitado acceso de la población a la educación convencional, se agrega que ésta no responde a las necesidades de las pequeñas empresas, tanto a nivel técnico como gerencial.

Superar esas limitaciones constituye un reto para que el país pueda competir en una economía que se abrirá cada vez más al exterior.

Según la investigación de Fondomicro, el 35.4% de las pequeñas empresas tienen una tecnología anticuada cuando se las compara con sus homólogas del extranjero, a pesar de que la mayoría de sus propietarios o gerentes no lo percibe así.

De acuerdo a los resultados de la investigación, “ese desbalance tecnológico es más agudo al considerar que el 44.3% de las pymes industriales declaró que su tecnología era obsoleta”.

Sin embargo, el estudio determinó que ocho de cada diez emprsarios manufactureros (88.8%) dijeron que sus condiciones tecnológicas actuales satisfacen sus necesidades”.

“Esto revela limitaciones tecnológicas que implican fragilidad y desigualdad competitiva de las pymes dominicanas en comparación con las empresas internacionales. Pero también evidencia limitaciones empresariales para abordar los procesos actuales de globalización del mercado, lo que explica que más de la mitad de las empresas manufactureras concentre su producción en el mercado local”.

Las debilidades de las pequeñas empresas, en términos de la formación de sus recursos humanos, tanto a nivel técnico como gerencial, también fueron puestas en evidencia en un estudio sobre la demanda de servicios empresariales en el país, hecho por encargo de Proempresa.

Esta invesigación reveló que, a pesar de las deficiencias de la educación convencional en la República Dominicana, el 61.7 por ciento de las empresas encuestadas no habían realizado actividades de capacitación.

Algo peor: el 74 por ciento de las encuestados nunca había recibido asistencia técnica y el 36 por ciento no pensaba hacerlo en el futuro.

Los encuestados argumentaron que no la han recibido porque no les parece útil, lo cual confirma la escasa penetración de la oferta de serivicios existentes entre las pequeñas empresas.

Para el director de Proempresa, Ramón Tejeiro, estos hallazgos nos dicen que la satisfacción de las necesidades de desarrollo de capital humano de las pequeñas empresas no debe ser dejadas sólo al mercado.

Tejeiro explica que no es tan fácil de obetener en el mercado los instrumetnos de desarrollo empresarial, como es el desarrollo técnologico, desarrollo organizativo, desarrollo de mercados.

“No estoy hablando de grandes maravillas de investigación, sino sencillamente hacer el mismo producto que hace uno un poquitín mejor, de una manera un poco más barata, con una mayor garantía de calidad”, expresa Tejeiro.

Afirma que en los estudios hechos en el país ha quedado claro que para las pequeñas empresas, eso es mucho más difícil de comprar que los servicios financieros.

Advierte que “es importante hacer ver esa realidad al país porque muchísima gente piensa que las pequeñas empresas lo único que necesitan son créditos para que les vaya mejor. Y no es verdad. Una pequeña empresa que funciona de una manera no muy eficaz, si tiene más crédito y consigue movilizar más dinero y comprar y vender más, al final a lo mejor lo que hace es que se acerca más a la catástrofe”.

Esto se evita a través del acceso de las pequeñas empresas a programas de capacitación y asistencia técnica, pero ocurre que cuando éstas se enfrentan al mercado para tener acceso a estos servicios, se presenta una asimetría muy fuerte.

Tejeiro explica que las pequeñas empresas no están en condiciones de exigirle al mercado los servicios de desarrollo empresarial en condiciones adecuadas para ellas.

“Finalmente acaban recibiendo unos servicios, cuando los pueden recibir, que son caros, que no pueden pagar, y eso las frena en su desarrollo”, agrega.

De manera que hacer que estos serivcios lleguen a las pequeñas empresas constituye uno de los principales desafíos de la economía dominicana, donde este sector juega un rol de primer orden como generador de empleos y riqueza.

De ahí la importancia de que fondos públicos y recursos de la comunidad internacional sean destinados a desarrollo de los recursos humanos de las pequeñas empresas.

Para Tejeiro, cada peso se invierte en promoción de la pequeña empresa, “si está hecho con inteligencia acaba devolviendo más pesos en términos de desarrollo económico, de generación de empleos, de renovación del parque empresarial”.

“No hay que olvidar que las grandes empresas de un día pueden haber sido pequeñas empresas del día anterior y que si el EStado tuvo la inteligencia de apoyar a pequeñas empresas con posiblidades en un cierto momento, está garantizando que en el futuro va a tener medianas y grandes empresas que funcionan bien, que impulsan el desarrollo del país, que dan empleos y generan riquezas”, Afirma Tejeiro.

LA EXPERIENCIA INTERNACIONAL

El informe 2001 sobre competitividad: motor del desarrollo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), plantea que “las observaciones empíricas sugieren pues que el mercado por sí mismo no genrera un nivel y una combinaci{on adecuados de capacitación de la fuerza laboral.

Sostiene que hay así que recurrir a las políticas y los recursos públicos para inacrementar el nivel y la capacidad de la formación de la fuerza laboral”.

“Para integrarse en forma competitiva a la economía mundial se requiere que la productividad de la mano de obra se incremente a un ritmo sostenido, que sólo puede lograrse con un mejor nivel de instrucción de la población en general”, expresa.

Asimismo, plantea que las políticas de desarrollo de capital humano constituyen un elemento esencial de las políticas de competitividad y su descuido ha impuesto un elevado precio a América Latina.

El informe observa que os políticos y las autoridades siempre han visto el aumento del nivel de capacitación de la fuerza laboral como un objetivo legítimo de las políticas del gobierno y de los recursos públicos.

En cuanto al impacto de la capacitación, se ha determinado que la capacitación incrementa los salarios, pero menos de lo que incrementa la productividad.

A pesar de esto, ha sido muy limitado el acceso de las pequeñas empresas a los programas de capacitación.

Esto quiere decir que las empresas que más proporcionan capacitación a los trabajadores son las de mayor tamaño.

Según una encuesta de ambiente empresarial mundial, realizada en el año 1999, conjuntamente con el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, la probabilidad de que las pequeñas empresas proporcionen capacitación es 25 por ciento menor.

Como la baja inversión en capacitación conduce a un menor crecimiento en el futuro, se hace imperativo emprender programas con fondos públicos y recursos provenientes de la cooperación internacional para ofrecer capacitación y asistencia técnica a las pequeñas empresas.