Por qué quiero ser senador

Mis padres vinieron de la isla de Saint Marteen a San Pedro de Macorís a principios del siglo pasado.

En ese tiempo había más gente viniendo que yéndose de San Pedro.

Era “la danza de los millones”. Siete ingenios azucareros crearon un escenario que atrajo gente de todas partes.

Ese es el origen de los cocolos, que en realidad debió decirse tortolos, pero que no se pronunciaba bien.

Mis padres siempre me hablaron de las cosas que comenzaron por San Pedro de Macorís: del primer hidroavión que descendió al Higuamo, de la primera calle de talvia, del primer edificio de cuatro pisos, y del primer cuerpo de bomberos.

Éramos “la ciudad de los poetas”, con Gastón y Fernando Deligne, y con Pedro Mir, Víctor Villegas y Norberto James.

Los viejos decían que a Trujillo le cogió con San Pedro porque le echaron bolitas negras en el club 2 de Julio.

Otros dicen que fue por las huelgas de Mauricio Báez.

El hecho es que comenzó a llevarse cosas para la capital, y nos quitaron a Boca Chica, hasta que, sin azúcar, la cosa se nos puso difícil.

Hoy San Pedro no es “sultana del Este”, ni “tacita de plata”, ni “ciudad de los bellos atardeceres”.

Han cerrado sus ingenios, su Puerto está abandonado, su playa está contaminada, y ni siquiera se ven cangrejos.

Quiero ser senador para que San Pedro vuelva a ser ciudad de poetas, de peloteros, de gente buena que disfruta de su playa y su puerto de mar.

Para luchar por estas cosas voy a ser senador…