Por sus huellas le reconoceréis

Las acciones y conductas de los seres humanos quedan como huellas indelebles de su paso por la vida. Por esas huellas se pondera la valía de los seres humanos y, una vez que sus cuerpos se extinguen, la obra dejada queda como testimonio que inspira justos reconocimientos y homenajes.

Cuando la Federación Dominicana de Comerciantes (FDC) decide bautizar su nuevo edificio con el nombre de Don Manuel Corripio García, está valorando las huellas de bien ganados méritos que este hombre   dejó entre los dominicanos, por su dedicación plena al trabajo desde muy joven y hasta que la muerte le sorprendió.
 Don Manuel Corripio García fue un sembrador de éxito que empezó desde los 13 años a acrisolar las huellas por las cuales la FDC y toda la sociedad dominicana le admiran y reconocen. Sembró con éxito en la actividad comercial, que ejerció con una pulcritud a toda prueba, y sembró también con éxito en la formación de una familia respetable y laboriosa, que heredó de él el afán de progresar con el sudor del trabajo. José Luis Corripio, su único hijo, captó plenamente la enseñanza que le inculcara su padre y empezó también desde temprano a acuñar sus propias huellas en esta sociedad. La FDC ha sabido interpretar y compartir  el sentir de una sociedad que sabe aquilatar las huellas de sus grandes hijos, y a ello obedece este merecido reconocimiento a Don Manuel.

El persistente silencio oficial
La comisión  de Santiago que investigó las circunstancias en que el desagüe violento de la Presa de Tavera causó muerte y destrucción ha aportado abundante  información que compromete responsabilidades sobre este suceso. En cambio, la comisión  que designó el Presidente Leonel Fernández para indagar esos hechos continúa encerrada en un silencio absoluto. Los técnicos de Santiago afirman que Tavera nunca estuvo en peligro de colapsar y que no era necesario desaguarla, pero la comisión oficial no reacciona.


Los investigadores de Santiago han invocado fallas o errores humanos y la posibilidad de asesorar en una eventual demanda contra el Estado,  pero a la comisión oficial esto parece importarle  “tres pitos”. Ha habido tiempo más que suficiente para que los investigadores del Gobierno concluyeran su trabajo y rindieran un informe, a menos que, como se deduce de su silencio,  se les designara para callar y ocultar.