Por una ciudad imposible

PEDRO CONDE STURLA
Bulevar es un término que remite a calle ancha o avenida con un paseo o un andén central, generalmente adornado con árboles o plantas. En la parte central de muchos bulevares hay bancos y quioscos, según el diccionario y según París y Roma y tantas otras ciudades. Entre la Bolívar y José Contreras, bajando por la Alma Mater, había un magnífico bulevar con tres cauchos prodigiosos, cítricos y mucha grama y mucha sombra, aunque un poco descuidado en verdad.

El síndico del Distrito, cómico de televisión, hizo colocar un letrero con su efigie y su lema: “Por una ciudad posible”. En el letrero se anunciaba y se anuncia todavía: “Aquí se construirá el Bulevar de la Juventud”.

Ya está casi construido -se construye o se descontruye lo que ya estaba construido-, pero en cemento estampado, no en grama vil, a imagen y desemejanza del bulevar de Fello en la Churchill.

En honor a la juventud –supongo que de los estudiantes de la UASD– arrancaron la grama, los cítricos, mutilaron dos de los cauchos y envenenaron uno de ellos que ya se secó y fue enterrado indignamente en noble cemento.

En decir, donde había gramas y árboles pusieron cemento estampado para contribuir al mejor calentamiento de la capital, del país y del planeta.

Sembrarán palmas, por supuesto, al costo miles de pesos cada una y se gastarán una millonada en el acabado. Y de seguro exhibirán la obra a título de realización y orgullo. ¿Pero es qué no tienen alma ni sensibilidad, ¿pero es qué no saben que los hospitales están desguarnecidos, que se mueren infantes en las incubadoras por falta de luz, que la unidad de quemados está en la inopia por falta de presupuesto y allí no se atiende a nadie?

Para peor, “El bulevar de la juventud” es una obra tan aberrante que da pena pasar por allí, ver tanto cemento y mal gusto en lo que antes era un parquecito natural al que sólo bastaba agregarle quizás más árboles y algunos bancos. Lo que antes era el espacio encantador de una ciudad posible, ahora es el espacio de una ciudad imposible. Hace juego con la ciudad de los elevados y túneles leonelescos o fernandinos que la dividen a manera de muro de Berlín, ruina de la Avenida 27 de febrero y docenas de comercios, símbolo material de desgarramiento urbano y humano.

¿Por una ciudad posible? Como político al fin, el oposicionista síndico del Distrito honra su lema al revés y lo convierte en comedia, tragicomedia.

La mutilación y muerte de los cauchos y la zona verde del Alma Mater refrenda la extirpación de los cauchos de la Casa de Bastidas, obra cumbre del oficialista ministro de Cultura en homenaje a la primera dama.