Por una mejor vida

SERGIO SARITA VALDEZ
Sin importar el lugar donde habitemos pero sí el tiempo en que lo hagamos, resulta saludable a la mente formularnos ciertas interrogantes acerca de nuestros orígenes, la ruta, así como el destino final del viaje existencial. Sé que alguien habrá de asombrarse cuando le diga lo poco excitante que resultaría enterarse de la procedencia de la especie humana.

Menos interesante resulta todavía conocer a priori los detalles del epílogo, puesto que con una u otra variante son pocas o nulas las alternativas que tendríamos ante el fenómeno de la muerte.     Lo que sí tiene un valor inconmensurable para cada individuo es el estilo y la calidad que consigamos imprimirle a la ruta de la vida. La manera en que habrá de transcurrir el espacio de tiempo en que nos toque vivir estará determinada por una serie de factores sociales, biológicos, psíquicos y ambientales presentes desde el instante de la concepción. Un niño con rasgos hereditarios de obesidad tendrá que ser sometido desde su nacimiento a unos hábitos dietéticos especiales que contrarresten lo que la madre naturaleza pretende entronizar en esa persona. Si tal adaptación ocurre en la adultez probablemente quede condenada al fracaso y quizás a la tragedia.

  Veamos el caso de un masculino quien aún no había completado sus cuatro décadas y ya estaba convencido de su impotencia para controlar una insoportable urgencia de ingerir alimentos en exceso por la vía oral. De ahí que optara por someterse a una intervención quirúrgica mayor a través de la cual se le removió más del ochenta por ciento de su estómago. Los bordes de la herida fueron cerrados por medio de grapas, pero para desgracia del hoy occiso sucedió que entre grapa y grapa quedaron algunos huecos a través de uno de los cuales se escapó líquido ácido hacia la cavidad abdominal. De más está decir que en lo inmediato se produjo una peritonitis química que provocó un intenso dolor que mantuvo al paciente quejumbroso y postrado por cinco días después de la cirugía. Desesperado, pidió su de alta y solo pudo permanecer unas tres horas en su hogar, desde donde hubo de ser trasladado de emergencia a la unidad de cuidados intensivos del centro de salud, en donde pereció a causa de un shock séptico, secundario a una infección del peritoneo. 

Se trata de una iatrogénica, una muerte a consecuencia del manejo quirúrgico de alguien desesperado que andando detrás de la dicha desafortunadamente se encontró con la desgracia. No es casual que gente con sobrepeso busque alivio a su mal a través de una de las modalidades de operaciones que se ofertan y sorpresivamente encuentra la muerte. En nuestro medio cada día son más frecuentes los decesos por complicaciones anestésicas, intra-operatorias o posteriores a esos tipos de cirugía.  Menos grasa animal y carbohidratos, contrarrestadas con frutas y vegetales frescos, acompañados de sanos ejercicios físicos y adecuada salud mental nos ayudan a caminar los bellos senderos de la vida con energía positiva y radiante felicidad.