Por una República Dominicana

DIÓMEDES MERCEDES
H. Hoetink, en sus “Apuntes para Nuestra Sociología Histórica: El Pueblo Dominicano 1850-1900” aporta documentación fundamental para que, historiadores, políticos, educadores y comunicadores sociales, sin los velos de los mitos del patriotismo desmesurado, podamos reinterpretar el pasado, limpiándolo de las vanidosas pretensiones, convertidas en bases falsas de una percepción fantasiosa sobre la existencia de una nación, por la que venimos peleando desde hace 161 años, sin haberla obtenido. Esas creencias, son los óxidos que hacen caer lo que hemos conquistado, abriéndonos sin resistencia a las ingenierías de dominación que han hecho del país de forma continua un pueblo cautivo.

Las estructuras económicas, demográficas, ideológicas, políticas y culturales, viales, etc., prevalecientes desde 1850 al 1900, continuaron siéndolo en el siglo XX con pocos cambios hasta el 1930. Así, Trujillo fue el reflejo del Lilís, quien moldeó, incluso con más originalidad, su tiranía de 20 años, que se proyectaron en los 30 del “Jefe”, sinónimo de cacique, término que resume un todo equiparable como fenómeno, a su antecesor citado; sencillamente, porque eran los productos de condiciones escasamente diferenciadas.

Cuando la acumulación primaria de capital permitió a Trujillo sentar las bases capitalistas de su Estado, haciendo la concentración de poder antes inexistente; había creado también con ello el conflicto entre su estilo de gobernar, el desarrollo producido y los nuevos aires de aquella época, en la que cayó abatido por el imperio, en la emboscada de un comando que le arrebató a la nación la oportunidad de hacerlo por sí misma y la que paradójicamente, como un rebaño o plebe pervertida por aquellas maniobras, tomo las calles y los mobiliarios de las residencias de aquel y sus familias, (igual que vimos en Iraq recientemente) mientras la OEA y la oligarquía criolla franqueaban a nuestro nuevo amo: los Estados Unidos.

Tras del espejismo de nuestra Independencia y de nuestra Restauración, vivimos mareándonos como nación, aspirando los símbolos de una patria, que aún no hemos tenido y para la que hoy están dadas todas las condiciones para ser conquistada, revelando a los excluidos y excluidas, a los sectores productivos, a los consumidores, clase media, a los militares con sensibilidad por su pueblo y responsables por el futuro de sus parientes, amigos y conciudadanos, militares quienes aspiren a acorazar la dignidad vendida por cúpulas, que han hecho de las Fuerzas Armadas una fuerza mercenaria de centuriones locales.

Esas fuerzas que debiendo defender a su país, han sido entrenadas fieramente para reprimirlo, son el ciego y gratuito sustento de la esclavitud, de las privatizaciones, guardianes de la corrupción; de las deudas malversadas, de los empréstitos que hipotecan nuestros patrimonios y nuestras vidas, empobreciendo, y deshumanizando a nuestra población, quitándonoslo todo,  como los conquistadores españoles lo hicieron con nuestros nativos. ¡Caramba!

El otro medio de dominación importante es el cultural, y en este, específicamente, el trastornador molde educacional seguido por décadas, para alienar las mentes de nuestras juventudes estudiosas, llevándolas a prepararse para complacerse en ser empleados asalariados de los capitales que desde fuera vienen a explotar nuestras potencialidades. La escuela no forma ciudadanos, invertimos lo poco que se asigna a educación, para regalar nuestros talentos en el país o en el exterior, sin enseñarles que ellos son los propietarios por herencia de lo que en esta tierra hay. Sin embargo, el descerebramiento cívico-ciudadano, es decir, el lavado cerebral a la población no tiene comparación. Es la razón de la fuga, primera mental y luego material de la población alejándose del territorio, repugnándole y deshaciéndose  del compromiso ante sus legados, lo que trae como resultado que aquí a muchos, nada le importa nada de lo mucho grave que acontece.

Otro evento de dominación aturdidor, son las “elecciones”. Elecciones? -¿Hay elecciones cuando entre tres iguales se te permite la libertad de intoxicarte con uno de ellos? Pero, como quiera, este evento es el rito de la consagración de la dominación ejercida por el amo junto a minorías a las que tenemos que plantarnosle, cambiándoles tiempo por fuerza.  Fuerza con la que adquiriremos la capacidad de ejercer el poder de nuestra soberanía. En las condiciones actuales, para cualquier persona honrada y razonable, las elecciones son irrelevantes. Sirven para legitimar cada dos años al status-quo.

Algunos protagonistas de “izquierda”, obsesionados en su participación sin perspectivas de cambio posibles desde las instituciones del Estado colonial, se retiran del Proceso Unitario Progresista y Opositor, sacándole el pie al ejemplo unitario que debimos exhibir para ofrecerselo al país en sus diferentes sectores sociales, sin darse cuenta tal vez, de que perturban estratégicamente el nacimiento de un nuevo referente que trascienda tanto a la derecha gobernante como a los núcleos de izquierda que no hemos podido posicionarnos en la sociedad dominicana. Desconocen que la prioridad del país es independizarse, encontrar su razón de ser; encontrar su identidad, saliendo de la confusión imperante en una campaña liberadora que debemos emprender sin tiempo, pero que tiene por objetivo conquistar el poder. Si! ¿Pero cuál poder? Un síndico? Un legislador? Un regidor? Y con eso legitimar toda la neocolonización?

No! Hay que levantar un movimiento patriótico por el triunfo de la soberanía y de la instauración de la patria y la nación que no hemos sido, que hoy podemos, debemos y merecemos ser; pero, que no lo seremos sin atarnos al pueblo y a los sectores progresistas del país con el hilo del patriotismo ardiente, para hacer lo que sea necesario hacer desde el poder para lograrlo. Hay urgencia en encender la chispa Trinitaria de nuestros días, y darle a la nación el triunfo en la lucha que hemos venido peleando desde hace 161 años y aún más.