Porque hasta las calles venden… morirá la capilla

MARIEN ARISTY CAPITÁN

Solitaria y señorial, mirando al río como cada día desde hace más de quinientos años, la capilla Nuestra Señora del Rosario forma parte del conjunto arquitectónico que levantaron los españoles en la margen oriental del río Ozama. Ella, protagonista de lo que ha sucedido desde aquel entonces, es un importante patrimonio cultural puesto que fue el primer templo en el que se oró en esta isla.
Pese a ello, el Ayuntamiento de Santo Domingo Este piensa que es una gran idea venderle a Molinos del Ozama el único acceso a la capilla: un tramo de la mismísima calle Olegario Vargas, de Villa Duarte, que para el cabildo tiene un valor de RD$15 millones.
Si bien es cierto que vivimos en un lugar en el que todo puede ser vendido y comprado, es una barbaridad que las autoridades permitan que se venda esa calle. ¿No se supone que Patrimonio Cultural debe velar por la conservación de todos los espacios de la Ciudad Colonial?
Si se vende esa calle, ¿qué pasará con ese templo? ¿Formará parte de los activos de una empresa que, por demás, demostró hace tiempo que no tiene ni una pizca de sensibilidad? ¿Olvidaron acaso que ellos borraron el espectacular mural de los “Cilindros Cromointerferentes” que pintó en los silos el famoso pintor venezolano Carlos Cruz-Diez?
Si se permite la venta de la calle, lo que sería un abuso, se podría estar matando la capilla. ¿No saben las autoridades que la empresa prohíbe entrar sin permiso? Los ministerios de Turismo y Cultura deben evitar que nos roben esta ermita. Ahí, la verdad, lo que debería haber es un hermoso mirador.