Post hegemonía

El mundo ha cambiado y seguirá cambiando hacia un escenario radicalmente distinto al que conocíamos. No es virtual, es real. Algunos no son capaces aún de darse cuenta; otros, lo ven venir, pero prefieren no reconocerlo. Unos y otros se han colocado en un mundo virtual. El mundo real ya es otro. 

Cuando concluyó la Segunda Guerra Mundial se dividió la humanidad en dos mundos: el occidental y el oriental, o, el democrático y el comunista. Se abrió la etapa de Guerra Fría: al borde de una guerra “caliente” pero sin llegar a ella porque las consecuencias para todos sería desastrosa por el enfrentamiento nuclear que suponía. En esas circunstancias la mejor arma era la ideología, capaz de minar desde adentro a uno u otro.  En medio del enfrentamiento ideológico se inventó un Tercer Mundo para tratar de mantener equidistantes de un polo y otro a más de 100 naciones surgidas a la  independencia. La competencia ideológica, económica y armamentista llevaron a la desaparición de uno de los mundos: el comunista. El universo real volvió a cambiar. Parecía que nos adentrábamos a un período del dominio absoluto de la potencia vencedora. Llegó a parecer, incluso, que el verdadero “siglo americano” comenzaba en ese momento.

Nada más lejos de la realidad. El nuevo escenario resultaría fértil para que germinaran otras realidades, positivas y negativas. En los últimos 20 años hemos presenciado cambios trascendentes, quizás más radicales que los otros grandes virajes, donde cada vez se va reduciendo más la presencia de un actor omnipotente y omnipresente. No es un problema de declive de Estados Unidos como algunos pretenden ver. EE.UU. ha sido, es y seguirá siendo, una potencia de primer orden pero cada vez con menos espacio para el unilateralismo y la imposición hegemónica. A mitad de camino de esos 20 años se produjo el nefasto ataque terrorista del 11 de setiembre que produciría nuevos cambios profundos – ante las vulnerabilidades que mostró – sobre la percepción de las amenazas y su enfrentamiento.

Empezó a comprenderse -en algunas capitales más que en otras, todavía renuentes a renunciar a sus viejas prerrogativas- en toda su magnitud lo que quiere decir “interdependencia” en este mundo “global” en que se dice que estamos. Si se es global y por lo tanto interdependientes, pues no se pueden ignorar intereses y mucho menos derechos. Se impone la necesidad de más confianza, cooperación y comprensión. La falta de ellas ha impedido, entre otras cosas, la reforma efectiva de la ONU. A todos  conviene su reforzamiento vía más participativa y democrática junto a otros organismos globales, FMI y Banco Mundial. La crisis económica que azota desde 2008 ha resultado sistémica y tendrá consecuencias trascendentes. El Oriente reemplaza cada vez más al Occidente como eje del sistema global.

Del universo multipolar de decenios atrás llegamos a un mundo unipolar para adentrarnos ahora, de nuevo, en uno multipolar donde las guerras y su amenaza no tienen espacio para cambiarlo porque nos estamos adentrando en una era post hegemónica.