PRD: errores
de campaña

ROSARIO ESPINAL
rosares@hotmail.com 
Desde su fundación en la Era de Trujillo, el PRD registra experiencias políticas positivas y negativas.

Entre las positivas: haber sido el primer partido de masas democrático del país, impulsar la transición política de 1978, afianzar el proceso de democratización en el gobierno de Antonio Guzmán, y lanzar la candidatura de José Francisco Peña Gómez en los años 90.

Entre las negativas: las luchas de facciones que tanto debilitaron los dos primeros gobiernos perredeístas, los escándalos de corrupción, la dificultad para impulsar políticas públicas socialdemócratas, y la manipulada reforma constitucional de 2002 para restablecer la reelección.

En el devenir histórico dominicano, los errores de los dos primeros gobiernos llevaron a la derrota del PRD en 1986 y el partido estuvo 14 años fuera del poder presidencial.

La recuperación electoral se inició en 1994 bajo el liderazgo de Peña Gómez, que ofreció sustento político a las masas y mediación entre las facciones perredeístas.

Pero las triquiñuelas balagueristas impidieron que el PRD volviera a la Presidencia en los años 90.

Después de la muerte de Peña Gómez en 1998, Hipólito Mejía aspiró a sustituirlo.

Reemplazó el intelecto político de Peña con la jocosidad que encantó a un amplio segmento de la población, y articuló los intereses de las distintas facciones perredeístas en una extensa red clientelar.

Pero el proyecto de Mejía se desplomó en medio de la crisis económica de 2003- 2004.

Su discurso político pasó de jocoso a irritante y la población no perredeísta, sumida en una crisis económica, se sintió excluida del reparto clientelar. De ahí la derrota en el 2004.

En el 2006, la Alianza Rosada resultó fallida porque se produjo entre dos partidos de adversidad histórica que en ese momento necesitaban relanzarse más que juntarse. Además, muchos pre candidatos sintieron descontento cuando perdieron las nominaciones.

En general, la situación se presentaba difícil para que el PRD avanzara electoralmente en el 2008 porque toma tiempo recuperar la popularidad después de presidir en medio de una crisis económica como la de 2003-2004.

Pero el PRD también ha cometido errores que le han impedido mejorar significativamente su posición en las preferencias electorales que captan las encuestas.

El primer error fue adelantarse mucho en la escogencia de un candidato, que, aunque aportaba recursos económicos, no tenía ascendencia en las masas perredeístas, ni el historial político para ganarse el apoyo masivo de otros votantes.

El partido debió hurgar más en sus filas para identificar una figura con capacidad de inspirar políticamente a votantes perredeístas y no perredeístas.

El segundo fue zigzaguear en las estrategias de campaña. Se inició una ofensiva mediática para presentar al candidato Miguel Vargas Maldonado con propuestas de políticas públicas como el empleo, pero rápidamente se pasó a una ofensiva de la dirigencia partidaria de denunciar actos de corrupción del gobierno.

Como resultado, las denuncias de la dirigencia opacaron las propuestas del candidato.

El tercero fue no responder de manera contundente al discurso central de campaña del PLD, encapsulado en la expresión: “Cuando el PRD sube, el país baja”.

La dirección del partido y el candidato fueron incapaces de asumir una defensa del historial del PRD, y los propios dirigentes miraron el partido como fuente de problema, en vez de enaltecer el emblema. Por ejemplo, el símbolo MVP resaltó sobre el PRD.

El cuarto fue recurrir intermitentemente a la figura de Hipólito Mejía en la campaña.

En el PRD post Peña Gómez, Mejía es el único líder perredeísta de alcance nacional, pero su liderazgo genera todavía un alto nivel de rechazo en la población.

Si se quería utilizar a Mejía para movilizar el electorado perredeísta, debió haber jugado un papel importante desde el principio de la campaña, de manera que se lograran los beneficios y se facturara rápidamente el costo. O, debió mantenerse distante durante toda la campaña para no opacar intermitentemente la figura del candidato.

El reto principal que enfrenta el PRD en las elecciones del próximo 16 de mayo es demostrar que puede aumentar significativamente la base electoral de 2004.