Precedente funesto

El día 12 del presente mes de marzo, un grupo de forajidos armados procedentes del vecino Haití de nuestras grandes penas, cruzó la frontera por Juana Méndez y secuestró en pleno mercado de Dajabón a 36 ciudadanos dominicanos, exigiendo para liberarlos que a su vez pusieran en libertad las autoridades dominicanas a John Robert, acusado de asesinar a dos soldados dominicanos.

HOY del 16 del presente mes editorializó en relación a la consideración que este suceso funesto mereció al titular del DNI, mayor general piloto (r) Fernando Cruz Méndez, tildándolo de “peligroso”.

Para el general Cruz Méndez, con una disciplina militar fundamentada en preservar la soberanía nacional inculcada por el generalísimo Rafael Leonidas Trujillo a los soldados, ese hecho le parece un sueño imposible en la época en que se formó de oficial piloto integrante del famoso Escuadrón de Caza Ramfis, la más demoledora fuerza aérea del Caribe y más allá.

El asunto es que también de forma inusitada, el gobierno del presidente Hipólito Mejía ordenó la entrega de John Robert a cambio de liberar a los 36 dominicanos, que fueron raptados a plena luz del día, en un mercado público, en presencia de soldados dominicanos, cruzando el Masacre ante la vista de soldados dominicanos que contemplaban el hecho inaudito, y nada hicieron para impedir la violación a nuestra soberanía nacional y ante un hecho criminal como lo es el secuestro.

Los soldados y sus superiores inmediatos en la frontera, específicamente en Dajabón, se hicieron la vista gorda no solamente del doble hecho inadmisible, sino que también incurrieron en inobservar el artículo 93 de la Constitución que específica la misión única fundamental para la justificación de la existencia de las Fuerzas Armadas, que es defender la soberanía nacional.

Para cumplir con ese requisito sagrado, las Fuerzas Armadas, en las personas de sus integrantes, desde soldado raso, comandantes subalternos, superiores, generales y el propio secretario del ramo, no tienen que consultar con el presidente de la República en estos casos, sino simple y llanamente acatar la especificación del artículo 93 que le faculta en consecuencia.

Aunque proceder de esa forma podría acarrear la sustitución del titular, que sería lo de menos, porque pasaría a retiro nimbado del halo de cumplir con el sacrosanto deber que instituye la Carta Magna de preservar a como sea la soberanía nacional. Eso fue lo que instruyó el presidente Mejía a las FFAA en ocasión del 160 aniversario de la creación del Ejército, el 10 de este mes.

Precisamente el 15 del presente mes de marzo, el escritor é historiador Víctor Grimaldi, insertaba un enjundioso trabajo en Listín Diario donde refería la forma que en la versión del historiador César Herrera le confió, y a aquel, el generalísimo Trujillo, que indujo al tirano, impartir la orden de eliminar a todos los haitianos residentes en el país, el histórico dos de octubre de 1937 que todos debiéramos leer y reflexionar, porque todo parece indicar que aunque no nos guste, estamos abocados a repetir ese hecho, no importa que nos tilden de bárbaros ni las pamplinas de que nos acusen los organismos de derechos humanos, la OEA, ONU y demás ministerios de colonias del imperio.

El país está saturado de haitianos, un millón algunos, dos millones otros, pero es el caso que a todas horas del día y la noche, nos tropezamos con haitianos caminando por las calles, jóvenes los más, indocumentados, porque en Haití los ciudadanos carecen de carnetización ni registro electoral, y todos los tricicleros vendedores de frutas y expendedores de jugos de naranja, son haitianos, y las autoridades de Migración y militares poco hacen para deshaitianizar al país, empezando por el presidente de la República, pero no el actual, sino los dos últimos, que se han cruzado de brazos los tres ante el menoscabo de la soberanía nacional.

El funesto y peligroso suceso mencionado debe ponernos a pensar a todos.