Preocupaciones sobre la libertad

(2)
El trabajador que se inclina activo sobre su mesa de labor o el estudiante que se concentra sobre su texto, están imponiéndose leyes propias que cierran el paso a la libertad de dedicar esas horas a la diversión o la holganza.
Los hombres verdaderamente triunfantes -como los países que triunfan- son aquellos que tienen capacidad para restringir, justa y moderadamente, sus libertades inconvenientes y hacerse esclavos de un propósito.
No hay duda de que el uso y desuso de la libertad es complejo y difícil.
Tanto en el aspecto individual como en el de los Estados. Tanto en la unidad humana como en el todo estatal. Porque así como el individuo que desea superarse y lograr el máximo de su capacidad se impone leyes que regulan su libertad, del mismo modo un Estado interesado en el progreso nacional tiene que forzar el cumplimiento de las leyes creadas para el beneficio del conglomerado, para el bienestar común.
De acuerdo con el profesor William Ebenstein, catedrático de Política de la universidad de Princeton, existen dos conceptos de la libertad: el positivo y el negativo. En el antiguo significado griego, la libertad tuvo esencialmente un concepto positivo: el derecho y la obligación a participar en la toma de decisiones políticas, sobre todo el derecho de votar y ocupar posiciones públicas, el derecho de asociación con personas afines y el de criticar al gobierno de turno. Ese tipo de libertad fue conocido en la antigua Grecia solo por un corto periodo de tiempo, durante la era de Pericles.
El “discurso funerario” de este gran estadista ateniense, conjuntamente con el de Abraham Lincoln, más de veinte siglos más tarde, constituye la alocución corta más famosa del mundo sobre el tema de la libertad. Pero hay que estar conscientes de que la libertad, irrestrictamente practicada, puede conducir rápidamente a la anarquía, al triunfo sistemático del fuerte sobre el débil.
Decían los romanos “Ubi societas, ubi jus”, que podríamos traducir: “Donde hay una sociedad tiene que haber una ley”.
No puede haber sociedad justa y civilizada sin orden social. El concepto positivo de la libertad, por consiguiente, admite la necesidad de una compulsión, si ésta ha de tener sentido práctico. No obstante, la visión positiva de la libertad exige que si bien debe existir la ley y el orden éstas deben ser autoimpuestas.
El gobierno basado en el consentimiento del gobernado es, por tanto, una expresión de libertad.
El concepto negativo de la libertad es mucho más reciente y es aquel en el cual no existen restricciones, no hay freno o limitación alguna. Este aspecto de la libertad data de hace menos de quinientos años.
El nuevo giro del sentido de la libertad, partiendo del siglo 16, ha sido encaminado contra la autoridad en religión, gobierno y economía y expresa la filosofía individualista que encontró su primera expresión moderna en el Renacimiento y la Reforma. El defecto o error principal en la interpretación negativa de la libertad radica en el desconocimiento de que ésta implica tanto obligaciones como privilegios y conlleva un monto idéntico de deberes y derechos.
En esencia, la libertad no es desorden.
Implica disciplina.