Preocupante desigualdad

Un proceso electoral no es ejemplo de equidad si el Estado aparece en campaña con presencia de altas investiduras y parafernalias apoyando a los aspirantes nacidos de su vientre. Hechos del pasado niegan que en medio debilidades institucionales y pocos frenos éticos los gobiernos se abstengan de procurar ventajas para los hijos de sus influencias en las lides electorales. Faltarían antecedentes para confiar en que no lograría sus fines impactando en el mercado electoral, una maquinaria que incluya el activismo de personajes de gabinete y direcciones generales en exhibición de capacidad para tomar decisiones sobre la cosa pública y colocando en desventaja a sus opositores de menos recursos tras unas primarias de evidentes demasías moradas.

Unos ocho años atrás se anunció que 40 mil millones de pesos del Presupuesto estaban a buen recaudo para garantizar el triunfo del oficialismo que en ese entonces era hermanito consecuente de quienes tras dividirse y acercase otras votaciones se tomarían las mismas libertades inaugurando numerosas obras de costos millonarios. El alto funcionariado estatal no debe demostrar, ni con gestos menores, que pretende inclinar la balanza hacia sus favoritos en un país de populismos, clientelismos y presidencialismos exacerbados porque con ello quebrantaría la neutralidad que corresponde al Estado que a todos se debe. Democracia no es solo votar.

¿Qué sería del país sin pataleo?

Sin la vehemencia protagónica y mediática de representativos de la sociedad, independientes del Gobierno, ya las Dunas de Baní estuvieran arrasadas por completo; incluso seguirían corriendo peligro si defensores particulares bajaran la guardia después de algunos logros. Muchos gritos de alarma y críticas ciudadanas se necesitaron para impedir que una cementera sentara reales en Los Haitises con el favor de autoridades salidas ¡oh! de su habitual inercia.

Valle Nuevo sobrevive, más o menos, a depredadores porque oponérseles se convirtió en cruzada civil en apoyo a quienes desde el poder en ese excepcional momento se opusieron a la explotación agrícola sobre la “Madre de las Aguas”. El precio de la salvación de los recursos naturales es la vigilancia sin tregua de quienes sin más recursos que su voz lo defienden.