Presencia haitiana: lo vaticinamos

JOSÉ ANTONIO MARTÍNEZ ROJAS
Hace unos meses escribimos haciendo un parangón entre la situación explosiva en que se encontraba Costa de Marfil y la invasión pacífica de la República Dominicana por parte de inmigrantes ilegales de la República de Haití, los cuales permisiva y masivamente atraviesan la descuidada pero “productiva” frontera que separa ambos países.

Relataba cómo la Costa de Marfil, primer productor de cacao y palma aceitera del mundo, gran cosechador de café y bananos, había consentido la inmigración masiva por sus empobrecidos vecinos, al desdeñar sus ciudadanos el duro trabajo de recolectar las cosechas de su prolífera y diversificada agricultura.  De una población original de diez millones, en un corto período de tiempo se acrecentó a diecisiete millones; es decir, más de seis millones de inmigrantes. 

Estos, originalmente fueron pacíficos, dóciles y laboriosos trabajadores, como los haitianos en nuestro país, mas a medida que su número se fue incrementando sus conductas y sus exigencias fueron cambiando.  Entonces, sobrevino la discordia cuando un hijo de un inmigrante y una marfileña lanzó su candidatura en las elecciones presidenciales y puso en aprietos al actual mandatario, quien pretendía reelegirse.  Este, para cortarle el paso, dictó una ley en la cual prohibía a una persona que no fuera hijo de ambos padres marfileños, presentarse como candidato presidencial. Era evidente que ese candidato poseía un gran atractivo y arrastre  y se perfilaba como triunfador en los comicios.

Al negar el Consejo Electoral la participación del ahora declarado candidato “ilegal”, se iniciaron enfrentamientos armados entre los gobiernistas y los disidentes denominados “rebeldes”.  El país se escindió en dos, se paralizó el comercio, se decretó el estado de sitio y San Pedro, el principal puerto de exportación  fue cerrado.  A seguidas, tropas francesas acantonadas en Abidján entraron en acción.  Después, tropas nigerianas bajo los auspicios de la Organización de la Unidad Africana y cascos azules de las Naciones Unidas intervinieron para restablecer una paz muy precaria en donde la seguridad ciudadana se mantiene en vilo.  En otras palabras, Costa de Marfil es una bomba de tiempo cuyo estallido causará miles de muertes.

Veamos nuestro caso.  Como consecuencia de la escasa vigilancia y “tolerancia” en la frontera, nuestro territorio alberga alrededor de 1.2 millones de haitianos “mal contados”. Decimos esto porque la presencia de estos inmigrantes se encuentra masivamente distribuida hasta en los más apartados confines del país y son utilizados en labores agrícolas (recolección de café, siembra de arroz, plantaciones de banano), así como en la construcción de carreteras, hoteles y viviendas.

El detonante que ha puesto en peligro la convivencia pacífica entre los “invasores” y los nativos fue el asesinato de la comerciante Maritza Núñez y las heridas a su esposo Domingo Luna en Hatillo Palma para robarles.

Furiosos vecinos trataron de linchar a los matadores.  Los enseres y casuchas de varios haitianos fueron incendiados y se persiguió en la comarca a los ciudadanos haitianos, la mayoría inocentes a lo que estaba sucediendo.

Hasta hace unos años, los haitianos que no habían incursionado en oleadas humanas en nuestro territorio eran bien vistos porque mantenían un bajo perfil y tenían un comportamiento acorde con su condición de inmigrantes.

Ahora, exigen muchas veces más que los dominicanos, al comprobar la dependencia en algunos cultivos de su mano de obra.  Incursionan, no solo en el motoconcho, sino en el oficio de vendedores ambulantes y hasta de conductores en el “concho”.

Recientemente haitianos asaltaron a seis pescadores dominicanos quienes fueron amordazados y despojados de nueve embarcaciones.  En el Batey Libertad, del municipio de Esperanza, haitianos que iban a ser deportados por miembros del Ejército Nacional atacaron a tiros con  “chagones” a los componentes de la patrulla.

En los últimos días han aparecido muertos varios haitianos, algunos con tiros de gracia y otros por armas blancas.  En la zona de la Línea Noroeste han comenzado a rechazar a los trabajadores del vecino país y muchos empiezan a elucubrar que fue así como comenzó aquella sangrienta jornada del año 1937, en donde la consigna era: “diga perejil”.

No queremos convertirnos en pájaros de mal agüero, pero el paralelismo entre Costa de Marfil y el nuestro, cada día, en lugar de bifurcarse, parecen que se une.

Cabe recordar también que por permitir Kosovo la inmigración masiva de albaneses, éstos llegaron a desbordar a sus huéspedes, y cuando quisieron reaccionar, le quitaron parte de su territorio, le invadieron y le destruyeron el territorio tropas multinacionales y la nación colapsó. Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas en remojo.