¿Presos del pasado?

MARLENE LLUBERES
Nunca digas: ¿cuál es la causa de que los tiempos pasados fueron mejores que estos? Porque nunca de esto preguntarás con sabiduría, Eclesiastés 7:10.  Con frecuencia los hombres y mujeres de este tiempo permanecen atrapados en el recuerdo de épocas ya vividas las cuales entienden mejores que las actuales, en la nostalgia por sentimientos y emociones que ya han desaparecido y por hechos que han sido transformados en nuestro pensamiento en irrepetibles fantasías o inverosímiles sucesos.

Realidades menos difíciles y más manejables que las de este momento, convierten nuestro pasado en un mundo placentero que, por anhelarlo, nos hace ignorar los propósitos de Dios en el presente.

Con mucha sabiduría el profeta Salomón aconseja no dejarnos envolver en estos cuestionamientos y añoranzas porque, al hacerlo, no estaremos actuando con sabiduría.

Todo tiene su tiempo y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora por lo que es de mayor gozo disfrutar cada día con sus hermosos amaneceres, su radiante sol o la abundante lluvia que nos hacen recordar las obras perfectas del Creador.

Es saber que nuestro Dios tiene un plan perfecto para cada vida que creó y que así como nos es imposible saber como crecen los huesos en el vientre de la mujer encinta, del mismo modo ignoramos las obras de dios, el cual sabe todas las cosas.

Su voluntad siempre es buena, agradable y perfecta.

De El son los pasos del hombre, por lo que, al aceptar nuestro presente, dejando de añorar bendiciones pasadas, aprenderemos a disfrutar a plenitud lo que El quiere regalarnos a través de cada circunstancia, sentimiento o emoción que nos permita vivir.

Enfoquémonos en el presente, construyendo las bases para un futuro certero, convencidos de que las misericordias de Dios serán nuevas cada mañana.

Esforcémonos para que nuestra mente goce de mayor libertad para meditar en todo cuanto nos acontezca, sabiendo que aquello que fue ya es y lo que ha de ser fue ya y Dios restaura lo que pasó.