Presupuesto y factores externos

La crisis financiera internacional ha colocado a nuestro principal socio comercial al borde de una deflación, que es uno de los fenómenos más perniciosos en una economía de consumo. Por otro lado, la caída de los precios petroleros ha forzado a bajar los precios de los combustibles en el mercado internacional. Ambas ocurrencias podrían tener una influencia realmente fuerte en el desempeño económico del país y en el comportamiento de nuestras finanzas. A Estados Unidos le vendemos más del 80% de nuestra producción y de los precios de los combustibles se derivan ingresos fiscales de un monto importante.

La preocupación nuestra se basa en la imposibilidad de evadir los efectos de una caída de la demanda y de los precios en el mercado estadounidense, lo cual afectaría nuestras exportaciones, y la dificultad para compensar la caída de los ingresos fiscales por el abaratamiento de los derivados del petróleo. Lo único que podría ayudarnos a capear esta tempestad financiera sería una política de austeridad que reduzca sustancialmente el gasto público y que fomente el ahorro. Para lo que queda de año podrían considerarse leves los efectos de la crisis financiera en nuestra economía, pero debemos estar claros en que el 2009 podría ser un año de fuertes constreñimientos, que pondrá a prueba nuestra capacidad para ver la economía con el realismo que imponen las circunstancias.

La mira hacia los ayuntamientos

La necesidad de rescatar la solemnidad de los ayuntamientos debe ocupar la atención de los partidos políticos. Han sido estas organizaciones las responsables de que los gobiernos municipales hayan perdido esa condición y se hayan convertido en entes cuestionables por el pobre ejercicio que hacen en bien de sus comunidades. Como todo lo que corresponde al Estado, los ayuntamientos, en términos generales, han sido parte del botín por el que se rasgan la vestimenta los partidos.

En otros tiempos les pesaban los ruedos a las personalidades escogidas para desempeñar los cargos municipales. Sin embargo, el laborantismo de los partidos políticos para agenciarse la toma de posiciones fue desmontando cada uno de los requisitos éticos que otrora eran imprescindibles para poder optar por un cargo municipal. Ahora se aboga por controles sobre los ayuntamientos sin detenerse a mirar el origen de sus calamidades.