Primera dama resalta el valor de la familia en la construcción de la nación; Cándida acompaña al Presidente en acto

dama

El presidente Danilo Medina y la primera dama Cándida Montilla encabezaron hoy el V Encuentro Anual Familiar de la Fundación Red Nacional de Servicios Comunitarios (RENASERC).

Montilla de Medina, resaltó la importancia de la familia para el desarrollo de la nación al afirmar que “es una institución divina creada por Dios. Es la base fundamental sobre la que se sustenta la sociedad. De ella nacen los ciudadanos que encuentran la primera escuela de las virtudes sociales que son el alma de la vida y del desarrollo de la sociedad misma”.

Añadió que como institución, la familia está hoy sujeta a grandes desafíos, por lo que resulta trascendente reflexionar y seguir luchando para proteger y apoyar los esfuerzos para el fortalecimiento del núcleo familiar.

En ese sentido, citó al papa Francisco al afirmar que “la familia es el centro de las esperanzas y las dificultades, el lugar primario en el que se forma y desarrolla el ser humano, en el que se aprenden los valores y los ejemplos se hacen creíbles”.

Montilla de Medina indicó que por ello se hace necesario que la familia tenga la estabilidad y el reconocimiento de las uniones recíprocas para desplegar plenamente su función insustituible y realizar su misión en la sociedad.

Agregó que en sus cinco años de existencia, la Fundación RENASERC ha hecho valiosos aportes a través de diversos programas de servicios que promueven el desarrollo de las comunidades e inducen la participación de sus miembros en organizaciones comprometidas con la dignidad humana.

En la actividad, la Primera Dama, quien es vicepresidenta de la Fundación, presentó a Monseñor Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez como orador invitado. El también Arzobispo Metropolitano de Santo Domingo dictó la conferencia “Vivencia de la Fe en la Familia”.

En su conferencia, el Cardenal López Rodríguez exhortó a los padres dominicanos a pensar en la responsabilidad paterna de iniciar a los hijos en la piedad y en las prácticas de la fe, las que estimó, naturalmente deben ser vividas y testimoniadas por los propios padres para que adquieran poder de convicción y motivación de los hijos.