Prioridades de la política exterior de EU (1 de 2)

HUGO GUILIANI CURY
En este nuevo período del Presidente George W. Bush no se esperan grandes cambios en la política exterior norteamericana, aun cuando se tendrá un Departamento de Estado con una dirección más cercana a la Casa Blanca. Las prioridades de Estados Unidos estarán dadas fundamentalmente por los asuntos de seguridad nacional y en cumplir con su rol de primera potencia mundial. En ese ámbito está el caso de la guerra en Irak que fue una decisión fundamentada en dos viejos principios.

El primero conocido como “Raison d’etat”, bajo el cual el interés del Estado justifica los medios y el segundo el llamado concepto de “realpolitk”, que consiste en la aplicación de una política externa basada en el poder y el interés nacional.

Todavía y por algunos años más Irak seguirá siendo una prioridad de la política exterior norteamericana y por ello en este segundo período los objetivos serán la reconstrucción y el proveer un rápido entrenamiento a las fuerzas policiales y al ejército de ese país. Esa al final parece ser la solución más factible para dentro de un tiempo razonable poder retirar las tropas norteamericanas y dejar que sean los nacionales de esa nación quienes se hagan cargo de su propio destino.

El conflicto de Israel y Palestina será otra de las prioridades de la política exterior norteamericana. Nadie tiene dudas de las enormes dificultades que se tiene en lograr una solución a esta situación.

No obstante parece ser que existen ciertas condiciones que podrían dar viabilidad a una solución cuya implementación sería realizada en forma gradual.

Es obvio que ninguna de las dos partes podrá alcanzar el máximo de las demandas que aspiran obtener y es ahí donde Estados Unidos deberá jugar el gran papel de mediador para lograr un compromiso aceptable a las partes.

De lograrse un resultado de esa naturaleza, este sería uno de los grandes logros de la política exterior norteamericana y un gran paso de avance hacia la paz en el medio oriente.

A Estados Unidos y otros países occidentales les gustaría que Rusia se moviera en forma más rápida hacia un verdadero régimen democrático y con una economía de libre mercado.

Esto no será posible por ahora, ya que Rusia es un imperio fragmentado y étnicamente no es homogéneo.

Tampoco existen las condiciones para que Putin pueda realizar una apertura democrática y económica como la que desea Estados Unidos. No hay dudas entonces que a los actuales gobernantes rusos les es, en estos momentos, muy difícil el eliminar los subsidios existentes. Este tipo de medidas pudiera dar lugar a lo acontecido en el reciente pasado, donde millones de rusos se empobrecieron y unos pocos se enriquecieron.

Tomará pues muchos años para que en ese país se pueda tener una democracia y un régimen económico basado en los principios del mercado libre. Lidiar con Rusia y mantener la normalidad en esas relaciones será un reto para la política exterior norteamericana.

Esto es así porque ambas naciones tienen conceptos muy diferentes en temas de mucha relevancia. Uno de ellos es el arraigado concepto que tienen los rusos de un Estado centralista y fuerte, así como el relativo a la seguridad nacional.

En estos aspectos, la política exterior norteamericana tendrá que maniobrar para no confrontar a Rusia y a la vez dejar que esa nación participe con el rol que le corresponde en las grandes decisiones mundiales. Todo esto es indicativo de que en estos momentos un régimen semi-autoritario como el de Putin, parece ser la mejor esperanza para mantener la paz en ese país.

En circunstancias como esas, Estados Unidos tendrá que comprender esto y buscará mantener una relación cordial con Rusia. Es conveniente recordar que la nueva Secretaria de Estado, la Dra. Rice es una especialista en asuntos rusos y se espera que tengan la habilidad para manejar esta situación.

En el caso de la Europa Occidental, éstos, en los últimos años, han concentrado sus esfuerzos en sus asuntos internos y han tratado de no intervenir en conflictos armados lejos de su territorio así como en continuar su proceso de integración político y económico en su continente.

No obstante, esto cambiará y Europa tendrá que compartir las responsabilidades de guardián del orden internacional con Estados Unidos.

Por ello, la administración del Presidente Bush buscará recomponer con sus tradicionales aliados las relaciones diplomáticas que fueron seriamente afectadas con el caso de Irak.

Poco a poco y con sufrimientos en carne propia, los europeos irán entendiendo las posiciones de Norteamérica en relación a la seguridad y el combate al terrorismo.

Un párrafo extraído del discurso que pronunciara el Presidente Bush en un reciente viaje a Bruselas describe cual será la actitud norteamericana en cuanto a Europa Occidental. Bush dijo lo siguiente “Ningún poder en el mundo podrá separarnos”. Esto claramente indica que el Gobierno norteamericano buscará todas las formas para eliminar las diferencias que tuvo con Europa debido a la intervención armada en Irak. Es decir, que Estados Unidos armonizará su política exterior con la de sus tradicionales aliados europeos en todos los temas de importancia para ambos.