¿Problema, para quién?

Cuando uno conversa ya sea con padres, profesores, o con los propios jóvenes sobre el tema de adolescencia y juventud, surge siempre o casi siempre la palabra problema. Al preguntar ¿qué problema? las respuestas son diversas, pero siendo las más frecuentes: mal educados, irrespetuosos, irreverentes, pocos estudiosos, conflictivos, vagos, agresivos, y así mismo un sin números de más factores que realmente te hacen cuestionarte si es un problema, ¿para quién?

Es a propósito de esta visión extendida en la sociedad, tan negativa de los adolescentes y jóvenes de nuestra América Latina que deseo expresar estos comentarios, en honor al distinguido Día Nacional de la Juventud que estaremos celebrando mañana, para lo que de antemano doy inicio deseándoles a todos los jóvenes de nuestro país mucha dicha,  felicidad y un derroche de bendiciones en su día.Es evidente que muchos jóvenes son víctimas del empobrecimiento y de la marginación social, de la falta de empleo, de una educación que no responde a las exigencias de la vida, del narcotráfico, de las pandillas, de la prostitución, del alcoholismo y de abusos sexuales.

Muchos jóvenes viven adormecidos por la propaganda de los medios de comunicación social y además por imposiciones culturales, así como por el pragmatismo inmediatista que ha generado nuevos problemas en la moderación efectiva de los adolescentes y jóvenes.La etapa de la juventud está cargada de interrogantes vitales y presenta el desafío de tener un proyecto de vida, personal y comunitaria. Un proyecto que dé sentido a su vida; que no la deje caer en un valor existencial, sino que le permita lograr a plenitud su realización como persona. La juventud cuestiona todo, tiene un espíritu de riesgo, de valentía y una capacidad creativa para responder a los cambios y exigencias del mundo en que vive. Las nuevas generaciones han llegado en gruesas oleadas a reclamar su derecho a vivir, a luchar por la vida misma.

La juventud es una fuerza material y moral que reclama participar en la construcción del país para satisfacer sus necesidades materiales y culturales. Quiere disfrutar plenamente de la vida de hoy y no la de un mañana lejano e indefinido. Los jóvenes, con su sola presencia dentro de la nación, plantean diversas demandas: estudiar y capacitarse; proteger su salud, fundar un hogar y participar en la lucha política en favor de que existan para todos iguales posibilidades económicas y culturales.

Esta es una etapa muy importante, en la que con más razón la familia debe jugar  su verdadero papel, para que en ella se ame, se corrija y se dialogue. Se aprendan los verdaderos valores. Donde haya un lugar de encuentro, de búsqueda, de soluciones, no de conflictos, donde vivir en armonía, con fidelidad, amor, tolerancia y comprensión. Y para esto, también el Estado debe dar a la juventud oportunidades para que se pueda realizar profesionalmente. Se debe crear un clima en el cual la juventud pueda adquirir un sentido crítico de la vida en la práctica de la justicia, la democracia, la paz y la igualdad social.