Proclamación necesaria

Sería un error de apreciación minimizar el respaldo incondicional expresado por el Presidente de la República, Leonel Fernández, a la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas, de las cuales es comandante en jefe, e interpretarlo como retórica basada en algo que “se cae de la mata”. Sus expresiones ante los mandos policial y militar, así como funcionarios civiles, debe ser apreciadas como una declaración de guerra, con la ley en las manos, contra los grupos que han minado la seguridad en esta sociedad.

En cada rincón del país, la delincuencia se ha hecho fuerte y ha llenado de pavor a la población. En Santiago, por ejemplo, la criminalidad prohijada por el narcotráfico ha propiciado ejecuciones masivas, como las cometidas en Navarrete hace poco y en apartadas comunidades de la Línea Noroeste. En Azua, un periodista asesinado, otro herido, un tercero que ha debido abandonar la población para evitar correr la misma suerte y todo un pueblo atemorizado, son el balance dejado por bandas de criminales.

Debido a la hiperactividad de grupos delincuenciales, muchas familias temen mandar a sus hijos a escuelas en horas de la noche. El jefe de la Policía, mayor general Manuel de Jesús Pérez Sánchez, ha recogido las inquietudes de las amas de casa de Villa Consuelo, Villa Juana y otros sectores capitalinos, motivadas por la inseguridad y la frecuencia de asaltos y violaciones en sus respectivos sectores. Estos temores son los mismos que afectan a residentes en provincias, municipios y secciones de todo el país.

II

En semejantes circunstancias, una expresión de respaldo incondicional hecha pública por el Presidente de la República, debe ser interpretada como un compromiso solemne, ante la población más que ante la oficialidad militar y policial, de proveer a la Policía Nacional de los equipos necesarios para que pueda realizar, apoyada por las Fuerzas Armadas, el trabajo que requiere la sociedad en estos momentos, y que se resume en hacer cumplir las normas de convivencia y hacer valer el derecho de los ciudadanos a disfrutar de tranquilidad y seguridad.

Vistas así las cosas, con carácter de compromiso solemne ante el país, corresponde a las organizaciones y ciudadanos amantes del orden y la tranquilidad, sumar sus fuerzas a las de las autoridades policiales y judiciales para que puedan ser logrados los objetivos anhelados por las mayorías.

Es necesario que cada ciudadano esté dispuesto a denunciar cada acto de delincuencia y cada muestra de indiferencia ante el mismo que se detecte en cualquier autoridad competente.

Las juntas de vecinos, los clubes, las asociaciones de padres y amigos de la escuela, de amas de casa, empresariales, profesionales, los sindicatos y todas las organizaciones deben tomarle la palabra al Presidente y constituirse en frente para enfrentar la delincuencia, denunciándola e identificando con responsabilidad a sus autores y cabecillas.

La gente suele decir que hay barrios a los que los policías evitan entrar porque están bajo control de los delincuentes. Posiblemente esto se deba, en gran medida, a que los ciudadanos de esos sectores no fueron capaces de denunciar y enfrentar la delincuencia cuando era todavía una expresión insignificante. Asumamos, como lo ha hecho el Presidente, el compromiso de cambiar este estado de cosas.