Producción agrosilvícola

PEDRO GIL ITURBIDES
Admito que conocí muy tardíamente el palmito de pejivalle. Rondaban los años finales del decenio de 1980, y Rossy me esperó una noche con una ensalada que incluía este alimento. La curiosidad me impidió masticarlo tranquilo, de manera que comencé a saborear. ¿Palmito?, pregunté.

¡Palmito de Tailandia!, me dijo mi mujer. ¿De Tailandia? inquirí con asombro. Y Rossy lo confirmó. En lo adelante compró palmito brasileño. Y cuando lo descubrió, comenzó a comprar el palmito de Santa María, la comunidad rural del Municipio de Cívicos. Es de una plantación introducida y desarrollada por la Fundación Progressio.

Los brasileños descubrieron en su territorio este palmito que se reproduce sin necesidad de talar la palma. Esta ventaja le lleva a nuestra palma real, que para entregarnos su tallo comestible se sacrifica para siempre.

¡Y tanto que tardan las palmáceas para reproducirse y crecer! Los brasileños introdujeron este cultivo en Europa, presentándolo como una exquisitez tropical. Nosotros, que tenemos zonas de vida húmeda, apropiadas para este cultivo, podríamos aprovechar esa fama creada por otros en los mercados internacionales.

Atados sin embargo a monótonas formas de producción hemos sido incapaces de crear marcas y lanzar productos que reflejen alguna forma de innovación. Esas marcas trascienden los esfuerzos de transformación representados por la industria. También la producción primaria de bienes de consumo motiva estas marcas o certificados de origen.

Prueba al canto la ofrecen unos pocos productores de cacao que están colocando este cultivo originario del Nuevo Mundo en un mercado ávido de novedades. Encabezando la lista hallamos a la familia Rizek y a la Fundación Quita Espuela.

Un proyecto de asistencia alemán a naciones del tercer mundo resiembra el guayacán en el suroeste de la República.

El proyecto original se dirigía a evitar erosión y agostamiento de suelos en zonas de vida seca, con el rescate de este árbol endémico de La Española. Ocurre, empero, que este árbol produce un colorante natural que podría recobrar un mercado que le fue propio en los siglos XVI al XIX. En tiempos en que se reniega de sustancias de laboratorio, debíamos secundar esta labor que tienen que venir a efectuar alemanes en territorio dominicano.

La macadamia es introducida. Es uno de esos cultivos que como el palmito de pejivalle han sido descubiertos por expresiones culturales agroalimentarias deseosas de acudir a las innovaciones. Don Manuel Arsenio Ureña la introdujo, y hoy sus hijos manejan una explotación agroforestal que provee de esta semilla a los hermanos Martínez Portalatín para su industria de heladería. Pero además, tiene otras aplicaciones industriales para la producción de exquisiteces alimentarias. Por cierto, los citados hermanos Martínez también han adoptado y expandido este cultivo a través de la Fundación Quita Espuela.

Estas son aisladas demostraciones de que iniciativas y expresiones novedosas pueden crear fuentes de trabajo y generar riquezas a inversionistas. Todo depende de que encuentren gobiernos dispuestos a estimular, en vez de obstaculizar con la exacción tributaria a quienes inviertencapitales propios y ajenos, y establecen mecanismos de ocupación para trabajadores.