Profesionales emigran de RD por rezago del sector productivo

19_11_2019 HOY_MARTES_191119_ El País10 A

El talento  se escapa.  Preservarlo implica la generación de empleos de calidad, innovar, invertir   en  una producción agrícola e industrial con mayor valor agregado y más alto grado de especialización.

En momentos en que a la República Dominicana le urge una renovación económica e institucional que le permita salir del subdesarrollo, justo en 2019, Año de la Innovación y la Competividad, el país sigue perdiendo capital humano en un proceso acrecentado durante los dos primeros decenios del siglo XXI, que expulsa a técnicos y profesionales formados en universidades nacionales y extranjeras.
Los flujos migratorios se intensifican.
Además de técnicos medios y trabajadores de baja calificación, emigran jóvenes de elevadas competencias, con maestrías, doctorados y dominio de idiomas, indispensables para renovar el Estado, la burocracia y el aparato productivo.
Profesionales meritorios, entre ellos graduados con los máximos honores, abandonan el país por la falta de oportunidades laborales en sus áreas de especialización, ante el rezago de un sector empresarial que, en lugar de asimilarlos para ganar productividad y competitividad, genera una fuga de conocimientos en detrimento del desarrollo económico y social.
El éxodo de recursos humanos de alta formación, que deriva de una compleja problemática estructural asociada al modelo de desarrollo, supone mejoría individual y familiar del emigrante, pero su incidencia negativa para el desarrollo sostenible del país emisor, a la postre impide solucionar los problemas de las mayorías poblacionales.

Tentadoras ofertas. Justamente cuando se requiere de mayor capacitación de la fuerza laboral en un país de muy baja calidad educativa, alta deserción universitaria y exigua inversión en educación superior, emigran profesionales hacia países desarrollados con activas políticas para cazar talentos. Mantienen atractivas ofertas por internet, tanto laborales como de especialización.
Se trata de una real “fuga de cerebros”, no “movilidad de talentos”, como lo denominan pretendiendo velar los estragos de un hecho que es expresión de políticas migratorias selectivas que descerebran a naciones de América Latina y otros ámbitos periféricos.

El aumento de la pérdida de personal especializados en diversas ramas es uno de los cambios cualitativos de la emigración dominicana, fenómeno con nuevas tendencias, otros perfiles, variaciones en escolaridad, género, estatus socioeconómico y permanencia en el exterior.
Un éxodo que, si bien llevó años atrás a médicos y abogados criollos a repartir pizzas o “taxear” en Nueva York, últimamente demanda mucho más alto grado de especialización.

El talento se escapa. Y esto ocurre, cuando urge elevar la eficiencia, mejorar el Ïndice Mundial de Competitividad de RD, bajarlo de la posición actual, 78 entre 141 naciones, sobre todo el indicador de capacidad de innovación, en el lugar 85.
El país pierde un capital humano que debe preservarse, incorporarlo a empresas para impulsar estrategias innovativas, mejores prácticas de gestión. Integrarlos a universidades para investigar, diagnosticar realidades, crear conocimiento aplicable, transferible.
Aprovecharlo implica abordar las limitaciones estructurales, crear empleos de calidad, el desplazamiento hacia actividades de mayor valor agregado y especialización. A su vez, permitiría absorber el potencial que representa el bono demográfico nacional, la población en edad productiva, puesto que más del 60% de los emigrantes tiene edades entre 15 y 59 años.
La fuga de cerebros amerita contención.
El Banco Mundial ha advertido que cuando llega al 10% de la fuerza laboral constituye un grave problema porque atenta contra la productividad y el desarrollo económico de un país.
Y esto sucede en RD, donde al iniciar el presente siglo, 2000-2005, ya la pérdida de recursos calificados era de 9.8%, acentuada por la crisis económica, que en 2004-2007 la situó en 13%.
El éxodo no se detuvo. Por ejemplo, para 2016 una investigación del Instituto de Estudios Dominicanos de la Universidad de Nueva York, situó a RD como segundo país de AL, después de Chile, con más visados en Canadá para personas de alta calificación, lo cual presentó como una tendencia.

Coordinación. Aunque aún muy distante de la cantidad de doctores que el Plan Nacional de Educación Superior plantea formar, la emigración del talento crece a la par que incentivan los posgrados y el Estado promueve becas de especialización en el exterior y activa el inglés por inmersión.
Sin embargo, ese esfuerzo no ha ido acompañado de una sincronía entre la academia y el sector empresarial, a fin de cerrar la brecha entre lo que el agro y la industria necesitan y los profesionales y técnicos que las universidades forman y los tópicos que investigan.
Los sectores público y privado deben invertir para fortalecer la capacidad de innovación, crear conocimiento y transferirlo, vincularlo a las dinámicas productivas. Trabajar en forma conjunta para armonizar la investigación con las prioridades económicas y sociales, buscar y aplicar soluciones.

Especialización. Técnicos y profesionales van o se quedan en el extranjero tras especializarse en una universidad extranjera becados por el Estado o costeados por la familia. Emigran tras hacer un posgrado online o semipresencial con enormes sacrificios personales, dejando empleos o endeudándose para financiar una maestría o un doctorado en el país. Entre los becados que retornan, muchos permanecen un tiempo en el país, luego regresan al exterior cansados de buscar un trabajo donde desarrollarse profesionalmente, tener un sueldo digno. Otros se van contratados desde aquí, captados por empresas “caza talentos”.
Los más afortunados se se insertan en empresas familiares o al tren gubernamental, pero gran parte ve pasar años sin una posición laboral aceptable, y buscan otro oficio o siguen en los puestos desempeñados antes del posgrado, sin aplicar sus nuevos conocimientos.
Tras intensa búsqueda, llevando currículum aquí y allá, se van grandes talentos, emprendedores que arriesgan sus ahorros, préstamos contraídos para crear una empresa, quebrando con frecuencia por falta de apoyo o asesoría estatal, por la gran presión fiscal.
Cientos se resignan en un call center, refugio de técnicos con muy buena formación egresados del Instituto Tecnológico de Las Américas. Otros se resisten al estancamiento y mediocre salario, y emigran, quizás el trabajo logrado no sea óptimo, mas les garantiza calidad de vida. Educarlos implicó grandes desvelos, enormes sacrificios familiares. Mas, difícil para un padre o una madre decirle a un hijo o una hija:
__¡No te vayas!, cómo hacerlo ante su desaliento, el desajuste emocional o estado depresivo al no encontrar trabajo.

 

LAS CLAVES
1. Meritocracia
Un buen empleo no se logra en RD en función de la meritocracia. Con frecuencia lo determina la influencia política, no la preparación académica. Por lo tanto, para muchos profesionales de alta capacitación la opción es emigrar. Evitarlo exige que la gestión de recursos humanos se realice en base a competencias y al mérito, eliminando el favoritismo político, garantizando la estabilidad del empleo.
3. Impulsar sectores
Al tener RD poca capacidad para producir profesionales competitivos a nivel internacional, debido a su baja inversión en educación superior, el capital humano calificado representa una gran oportunidad para propulsar sectores productivos que requieran mayores niveles de innovación y sofisticación, particularmente en las áreas de conocimiento relacionadas con la innovación: ciencias, tecnologías, ingenierías y matemáticas.
4. Potencialidades
El país tiene que aprovechar sus potencialidades. El contexto internacional actual reta a crear y transferir conocimientos, a promover una cultura de innovación, reorientar la educación con tal propósito, dar pasos firmes hacia políticas públicas que apoyen la I+D (Investigación y Desarrollo).
5. Matrícula universitaria
La matrícula de nivel superior universidades y centros tecnológicos del país fue para 2018 de 598, 799 alumnos y alumnas que cursaban estudios técnicos de grado y posgrado, incrementada en 59% desde 2012, de acuerdo con el Ministerio de Educación Superior. En nivel de grado sumaban 558,696 alumnos; carreras técnicas 23, 799; posgrado 2,319; y maestría 13,974.
6. Deserción universitaria
La deserción universitaria, cifrada en 39%, crece primordialmente por razones económicas. La Universidad Autónoma de Santo Domingo, la de mayor alumnado, supera el promedio, con 47%.

 

RD requiere de políticas públicas orientadas a minimizar la pérdida de talentos

Los gobernantes dominicanos, históricamente acomodados a una emigración que quita presión social ante el déficit de empleos y servicios públicos, mantienen similar actitud ante la actual coyuntura en que se incrementa la fuga del talento.
La exportación de mano de obra sigue siendo parte constitutiva del estilo de desarrollo dominicano, lo revela la actitud gubernamental de apertura al éxodo, la implícita política estatal de aprovecharlo como válvula de escape del mercado laboral y la presión sociopolítica. Y, sobre todo, por los beneficios que reportan las remesas en dólares y euros, fuente de ingreso familiar y un soporte de la macroeconomía.
El Estado dominicano carece de políticas orientadas a reducir a un mínimo la tendencia a emigrar de recursos humanos calificados, estrategias dirigidas a a su incorporación al mercado laboral, público y privado, que les permitan desarrollar sus habilidades y aportar sus conocimientos al país. Las recomendaciones apuntan hacia la alianza Estado, empres y universidad en la coordinación de programas que reduzcan la fuga de talentos y aminoren su impacto negativo en una economía que pese al crecimiento, al equilibrio macroeconómico, mantiene escaso valor agregado.
Es preciso emprender acciones encaminadas a salvaguardar el patrimonio intelectual, científico y artístico de la nación, y a la vez, lograr la cooperación entre el capital humano local y el expatriado. La experiencia latinoamericana demuestra que ese enfoque tiene mayor efectividad que los programas de retorno de los profesionales en el exterior, en los que varios países de AL han realizado cuantiosas inversiones.