Prolongación de la estabilidad económica

La confirmación de las principales autoridades del Banco  Central y del Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo es la señal más clara que le ha dado al país el presidente Medina, ya que manifestó su aprobación a lo que durante ocho años se llevó a cabo desde el Banco Central, para sostener el desarrollo dominicano como un modelo de prudente e inteligente manejo económico.

Para algunos, tal medida de confirmación de algunos funcionarios fue desacertada, por los intereses que los opositores y hasta dentro del oficialismo  aspiraban  a ver nuevas caras en la conducción macro económica del país,  pero sin pensar  que lo empujaría hacia un despeñadero similar a lo ocurrido hace unos diez años.

La  hazaña del Banco Central, de mantener durante ocho años  una sorprendente y admirable estabilidad en la tasa de cambio  y en el bajo crecimiento de la inflación, que no superó el doble dígito, habla a las claras de una acción que, si bien quiere ser desacreditada por economistas rabiosamente opuestos a todo lo que pueda salir de fuentes oficiales, ya que consideran que hay mucha falsedad en las cifras que ofrece el Banco Central, alegando que son maquilladas, pese a la confianza de los organismos internacionales que las utilizan como referencia y de modelo para las economías regionales similares a la dominicana.

La economía dominicana, durante ocho  años, resistió el vendaval de la crisis económica mundial, de la cual no han podido sacudirse economías mucho más prósperas que la nuestra, como la griega, la española y la islandesa. Y por qué no hablar de la crisis norteamericana, que siendo la economía mayor del mundo, enfrenta  un déficit fiscal de proporciones increíbles, que si la nuestra fuera un ínfimo porcentaje de la misma,  ya el país hubiera sido declarado  en quiebra fiscal.

El Banco Central ha luchado en contra de un medio hostil de opinión, que aquí se exacerba con el morbo natural de los dominicanos, que buscan ver hundido a quien ha trabajado bien. Se considera que disfrutar de una alta posición  en ungobierno es contraproducente para la salud  institucional del país. Por esa razón buscan  que en cada cambio de gobierno  rueden cabezas, y más sin son de las más encumbradas autoridades, sin importar las consecuencias que  ese desmoche  ocasionaría a la economía. Así se mancharía  la imagen que se mantiene frente  a la comunidad internacional de un admirable manejo de la macro economía. Esa es la que nos ha permitido disfrutar de un relativo bienestar, pese a las grandes áreas de miseria que nos rodean y nos ahogan. Tal situación es fuente de preocupación por la diferencia abismal en los ingresos de la población en sus distintos estamentos sociales.

El promedio de crecimiento del país, en los momentos que el mundo atraviesa  una severa crisis económica, no ha sido irrisorio,  sino que se ha sostenido por un promedio del 7%, aun cuando haya reducido su velocidad el pasado año, pero en éste se  vislumbra  un crecimiento cercano al 5%, que ya de por sí es notable ante la nueva crisis que se está incubando en los países, que aun con economías más estables que la dominicana,  atraviesan la resaca que se originó en el 2008 a raíz del destape del engaño con las hipotecas  basura, cuyos autores algunos  están presos o suicidados, pero la mayoría  disfrutan de sus enormes fortunas.