Propone replantear los objetivos
que motivaron su creación

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Por  ANGEL HACHE
Las dos gestiones de la Secretaría de Cultura no han llenado las expectativas creadas para un mejor desenvolvimiento del arte y la cultura. Es necesario buscar un consenso entre sus dirigentes y los artistas.

Hay que replantearse los objetivos por los que fue creada. Evitar los dispendios, la nómina abultada, donde muchos empleados están con los brazos cruzados por falta de recursos, prima la centralización, no es suficiente alguna que otra actividad fuera de la capital, las promesas se quedan en eso, en promesas. No estoy de acuerdo con los festivales internacionales de teatro, de las bienales del Caribe y otras actividades mientras se erogue grandes cantidades de dinero, en desmedro del apoyo y de los recursos que ameritan nuestras instituciones artísticas y que irían en beneficio del desarrollo del arte dominicano. Primero arreglemos la casa, para luego compartir airosos con los invitados.

He leído en los periódicos, que la mencionada Secretaría se apresta a remodelar y construir varias edificaciones destinadas a presentaciones artísticas y culturales. Recuerdo, que faltando pocos meses para el final del primer mandato del Doctor Fernández, se había aprobado la construcción de una nueva Escuela Nacional de Bellas Artes, en los terrenos de la plaza del conservatorio. Veía con muy buenos ojos que todas las escuelas de arte estuvieran emplazadas una cerca de la otra. Los tiempos modernos abogan por una educación integral. Los estudiantes tendrían la oportunidad de compartir sus formaciones.

Es urgente edificar una dependencia del Museo de Arte Moderno, que permita la exhibición de gran cantidad de obras de arte almacenadas en sus depósitos, varias de ellas deterioradas por falta de recursos para su restauración.

Casi la totalidad de las salas artísticas adolecen de una buena acústica, tan primordial para el disfrute de los espectáculos. Otras están mal acondicionadas, con goteras y falta de equipo.

Se supone que vivimos en un país democrático, pero realmente nunca ha existido una verdadera democracia en nuestra historia política. La democracia tiene que ser obligatoriamente participativa para poder lograr gobiernos consensuados que trabajen para el bienestar del pueblo. Los siete meses en los que Bosch gobernó es el único período en el que la ciudadanía vivió los albores de una democracia,  que fue abortada por intereses espúreos perpetrados por el poder fáctico. Este hecho antidemocrático ha sumido al país desde entonces, en la carencia de una verdadera democracia, prohijando la dictadura balaguerista de la que hemos heredado, conjuntamente con la de Trujillo, todos los males sociales que nos aquejan: falta de una sólida libertad, despotismo, corrupción, clientelismo político, nepotismo, violencia y asesinatos a mansalva, militarismo opresor, el “grado a grado”, entre otras lacras sociales. Del “grado a grado” hemos tenido ejemplos recientes con los sonados casos de José García Espino, cuyo mural, de calidad cuestionable, tapió el del fallecido y destacado artista Silvano Lora, y en el que García Espino exalta la figura del nefasto Balaguer, de triste recordación para los estudiantes de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Así como el mural del edificio de las Escuelas de Bellas Artes, que debería ser desmontado, y llamar a concurso para su nueva realización. Otro proyecto cedido “grado a grado” fue, el de la decoradora Margarita Gómez, encargada de la decoración del edificio de la Suprema Corte de Justicia, con un cuantioso presupuesto, y todo porque los contratantes son personas muy cercanas al actual gobierno.

¿Para cuándo se tendrá la carrera administrativa que asegure la eficiencia de los empleados de las instituciones del Estado y se acabe la empleomanía partidista? ¿Cuándo desaparecerá la impunidad?  El “borrón y cuenta nueva”,  ha gravitado negativamente en la sociedad dominicana, permitiendo que los crímenes y  la malversación del erario, con la compra de la justicia, quede sin castigo, y observamos con rabia e impotencia  que sus infractores se pasean como reyes, ostentando riquezas mal habidas por delitos y asesinatos. ¿Cuándo dotaremos a nuestros habitantes de la educación, la salud y los empleos que los saquen de la pobreza?

Las batallas electorales son el pan de cada día. Lo que importa es conseguir el poder como sea, olvidando los lineamientos trazados por sus lideres, Juan Bosch y José Francisco  Peña Gómez.

Me atrevo a decir que si Juan Bosch estuviera con vida, crearía un nuevo partido.

Por el único partido que he simpatizado ha sido el PLD pero después que obtuvo el poder, debo admitir que he sufrido una gran desilusión, a pesar de reconocerle unos pocos logros, comparándolo con la hecatombe que ocasionó Hipólito Mejía al país, en el pasado gobierno. El PLD ha venido a ser “más de lo mismo” aunque se vendía como el “nuevo camino”.  Actualmente vemos asombrados las rebatiñas que se están produciendo entre Danilo Medina y Leonel Fernández, que quiere  postularse para una reelección.  Endiosamos a los gobernantes hasta el grado de convertirlos en figuras mesiánicas; de ahí proviene el negativo paternalismo pues equivocadamente pensamos que son los únicos que pueden resolver las cosas.  Los parches que se hacen a la Constitución, se  realizan para conveniencias de un grupo que quiere sacar ventajas políticas. El que quiere que lo reelijan se aprovecha de los  recursos del Estado  y hasta es capaz de cometer fraudes.  Este pueblo sumido en  la pobreza, deposita su voto en esta pseudodemocracia, guiado como ovejas, comprado con dinero, con promesas que luego no se cumplen.

El dispendio del erario, utilizado en asqueantes campañas electorales. El país vive de campaña en campaña, que es otro de los males que tenemos que pagar y soportar los ciudadanos, donde ocurren desórdenes que acarrean heridos y muertes que enlutan a la familia dominicana.

Los dominicanos nos hemos caracterizado por ser demasiado tolerantes con este acertadamente llamado estado fallido. Ese grupo que en la prensa y programas de televisión da conciencia al pueblo con mas propiedad que yo, debe, de alguna forma unido, constituirse en una fuerte corriente de opinión que le haga frente a la corrupción, desmanes, atropellos, injusticias, impunidad. La unión hace la fuerza. Personas como Pablo Mckinney, Nuria Piera, Marino Zapete,  Huchi Lora, Rafael Molina Morillo, Jacinto Gimbernard, Ramón Colombo, Koldo, Sara Pérez, Juan José Ayuso, Rafael Toribio, Emely Tueni, Julio Cury, Dennis Simó, Ramón Antonio Veras, Juan Carlos Espinal, Carmen Imbert y Violeta Yangüela, José Israel Cuello, Pedro Antonio Valdez, Alicia Ortega, Fidel Santana, Pedro Pablo Yermenos, Marcio Veloz  Maggiolo, Ángela Peña, conjuntamente con Guillermo Moreno García, quien tiene esas inquietudes, deben formar un grupo de esa índole. Excúsenme la exclusión de otras personas que ameritan, por sus opiniones y pensamientos, formar parte de la lista. También Luis Scheker y  Participación Ciudadana, así como intelectuales no arribistas. Debemos lograr una nación verdaderamente democrática, independiente e institucionalizada y de justa equidad.

Actualmente vivimos en un estado de zozobra con la violencia que se ha desatado, producto de la droga y la falta de oportunidades para mejorar el nivel de vida. Los dominicanos, comenzando por sus dirigentes, necesitamos urgentemente una profilaxis ética y moral que nos saque de esta inversión de valores. La droga es la panacea para enriquecerse rápidamente, así como el lavado de dinero de ese y otro tipo de corrupción. El poder y el dinero compran abogados y jueces para salir impunes. De vez en cuando se montan circos para engatusar a los sedientos de justicia.

Los ideales de los patricios y próceres están bien enterrados. Periodistas valientes son asesinados, como los recordados Orlando Martínez, Gregorio García Castro, Narciso González  ( Narcisazo ), y a otros se les atemoriza con intentos fallidos. A algunos los han apresado, les han cerrado programas radiales y televisivos. Al pueblo, sumido en la ignorancia y la pobreza, no le queda mas remedio que buscárselas a como dé lugar para sobrevivir. A los gobiernos no les interesa que el pueblo se cultive para poderlo manejar a su antojo. Estamos en el reino del poder y la sinrazón.

En el reino de la irresponsabilidad, de la indisciplina y la impuntualidad que exaspera, nos movemos en una jungla que está haciendo la vida cada vez más insoportable. Sin embargo, dentro de un año estrenaremos un Metro que se está tragando una gran tajada del presupuesto nacional. Lo del Metro con Diandino Peña a la cabeza se sabía, desde el discurso del presidente Fernández, que iba como quiera, por encima de las voces que se opusieron a su construcción, quedando sin resolver problemas prioritarios como el de la energía eléctrica, la educación, la salud y la precariedad del agua, vitales en una sociedad del siglo XXI.

Existen dos clases de dictaduras, las grandes, tipo Trujillo, Franco, Pinochet, Balaguer, los estados totalitarios, y las  pequeñas, que se producen cuando un partido político llega al poder. No sé si se han percatado de esto los ciudadanos que eligen a sus gobernantes en estas pseudodemocracias que nos gastamos. Es por esta causa que aquí, como en otros países del mundo, los partidos políticos están desacreditados, solo van al poder a enriquecerse, no a servir al pueblo.

Dentro de las formas de gobiernos que ha tenido la humanidad en su historia sociopolítica se encuentran: las dinastías; los imperios, con sus emperadores, reyes y virreyes; los sistemas feudales y religiosos; los cacicazgos; los triunviratos; los sultanatos y emiratos; los profetas (Mahoma); los faraones; los soberanos; los principados; los zares; los gobernadores; los procuradores; los gobiernos militares; los ministros; los presidentes y sus partidos políticos entre otras. Algunas subsisten, otras han desaparecido.

Herbert Read, gran pensador inglés de mediados del siglo pasado, muy preocupado por los aspectos sociales de una nueva filosofía en la educación, decía que el hombre es un robot formado por una sociedad profundamente trastornada, autoritaria y deshumanizada.

Hay que poner en marcha un sistema educativo cuyos ideales y métodos los instrumenten en solidaridad, en un mundo que se encuentra al borde del abismo.

En “Al diablo con la Cultura”, Read expresa, que puede ser que el instinto de agresión sea innato en el hombre y que no haya organización social capaz de impedir su manifestación. En tal caso, el mundo resultará tolerable en la medida en que la razón sea capaz de dominar su instinto. Más la razón no podrá campear por sus fueros si los hombres padecen hambre. Para que exista un pueblo libre deberá tener un aguzado sentido crítico y para ello es preciso crear ese sistema educativo en condiciones ambientales que den prioridad a las cosas que la merecen y que prescindan del poder del mal.

Estoy seguro que en este tercer milenio surgirán mentes preclaras que darán una forma de vida más humana, armoniosa y justa. Las extinciones y decadencias de muchas de aquellas formas de gobiernos son una prueba irrefutable.

Continuando con Herbert Read y su libro “Al Diablo con la Cultura”, este pensador señalaba la imposibilidad de la democracia en conglomerados de millones de personas; decía que podrá haber gobiernos del pueblo y hasta gobiernos para el pueblo, pero nunca gobierno por el pueblo, y si el pueblo no se gobierna por si mismo, hay alguien que lo gobierne, “ipsofacto”, ha dejado de ser una democracia. No respetamos los derechos de la persona, es decir, su derecho a ser persona.

En la historia de la humanidad, el pueblo ha sido siempre sojuzgado por el poder de unos cuantos.

Me voy a permitir como uno más del “club de los pendejos” y consciente de mi ingenuidad, esbozar unas sugerencias que caen dentro del campo de la utopía: convocar a un “referéndum”, que debería estar incluido, en la reforma de nuestra Constitución, con la idea nodal de que por consenso, en ese “referéndum”, el pueblo pida que se prohíba los partidos políticos, por el fracaso que han demostrado para dirigir nuestra nación, permitiéndoles a los ciudadanos escoger sus dirigentes apartidistas capacitados en las áreas políticas, económicas, jurídicas, sociales y legislativas, formando éstos lo que podrían llamarse Corporaciones, como las llama Read.

“Las Corporaciones son los grupos sociales básicos que vienen inmediatamente después del núcleo familiar. La Corporación es la asociación de hombres y mujeres formada de acuerdo a la profesión o la función práctica de sus intereses; vertical porque permitiría que se dividiera en unidades regionales y en distritos. Los asuntos principales se desarrollarían siempre en las unidades del distrito. Las decisiones surgirían del contacto personal, no de los cónclaves abstractos y legalistas de una oficina central. La centralización es una enfermedad de la democracia. Nace de la concentración del poder ejecutivo en primer lugar, secundado por el poder legislativo”, dice.

Y añade: “El Estado debe quedar como simple árbitro, con un presidente encargado de zanjar, en bien de todos, los conflictos que surjan entre las partes. Para proteger el conjunto de la sociedad contra la política restrictiva y que pudiera aplicar alguna corporación, sería preciso establecer un consejo económico o defensores del pueblo, constituida en forma análoga de los tribunales de justicia. La justicia debe tener total independencia de las Corporaciones, pero a su vez debe ser supervisada por un consejo de juristas”.

Hay que poner en marcha un sistema educativo cuyos ideales y métodos los instrumenten en solidaridad, en un mundo que se encuentra al borde del abismo

LAs elecciones presidenciales y congresionales

Creo por otra parte, que para evitar el despilfarro y otros males, las elecciones presidenciales y congresionales deben efectuarse en la misma fecha, el 16 de mayo, cada cuatro o cinco años. Los partidos políticos dominicanos viven actualmente de campaña en campaña cada dos años, gastando cuantiosas sumas de dinero para promoverse, porque aspiran a saldar los gastos en que incurran si son elegidos, y sabiendo sobre todo que, en el poder, se enriquecerán en poco tiempo.

Además de ahorrar ese dinero, muchas veces mal adquirido, y el otorgado por el Estado, éste podría emplearse en cosas más constructivas en un país de tantas carencias. Las contiendas electorales, causantes de desgracias, solo deben ser permitidas en un tiempo prudente, donde los aspirantes se dirijan a la población para explicar sus programas de gobierno. Deben también dar a conocer sus pertenencias en una declaración de bienes. Quienes no cumplan con estos requisitos, no podrán participar en las elecciones. Pero nuestro norte debe ser desterrar para siempre a los partidos políticos.

Estos legados deben convertirse en un anhelo impostergable.