Protocolo o protoloco

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JOSÉ ANTONIO MARTÍNEZ ROJAS
Protocolo, término introducido por el Congreso de Viena de 1815, para establecer las formas de procedimiento en las relaciones diplomáticas. Según el Vocabulario Jurídico de Capitant “procede del latín medieval protocollum, que proviene del código justinianeo, donde designa una hoja pegada a ciertos documentos y que contiene diversas indicaciones autenticando a estos .”. Y en su acepción III. “Etiqueta que debe observarse en las ceremonias oficiales y en las relaciones internacionales”.

Aunque las reglas del protocolo son generalmente estrictas, hay excepciones como en todas las normas en las cuales se puede modificar las mismas previo acuerdo sin alterar el orden preestablecido. Tal ocurrió en el caso de la presentación de credenciales del señor doctor Ivo Hlavácek, embajador extraordinario y plenipotenciario de la República de Eslovaquia, quien le había solicitado al que estas líneas garrapatea, que le acompañara al momento de presentar sus cartas credenciales en su condición de cónsul honorario de la República de Eslovaquia acreditado en la ciudad de Santo Domingo.

El día tres del mes que discurre, tal y como se le había comunicado, el doctor Hlavácek debía presentar sus cartas credenciales ante el Gobierno Dominicano y su presidente doctor Leonel Fernández. Previamente se le había informado, que el traje para esta ceremonia sería blanco, corbata y zapatos negros. Sin embargo, no se le informó por escrito como se había hecho con la vestimenta, que si deseaba que alguien le acompañara debía informárselo con anterioridad al director del Departamento de Protocolo de la Secretaría de Estado de Relaciones Exteriores. Por supuesto, al no ser notificado el señor Embajador por este funcionario, se presentó una engorrosa situación en la cual, después que estábamos en el Salón de las Cariátides del Palacio Nacional, discretamente se nos informó que no podíamos hacer acto de presencia en la ceremonia oficial.

Como no nos consideramos plato de segunda mesa, solicitamos muy cortésmente que se nos escoltara para abandonar la sede de Gobierno y dirigirnos al local del Consulado.

Las ceremonias de presentación de credenciales programadas para ese día ascendían al número de seis. La primera, conforme a la fecha de solicitud era la de Serbia. Coincidió que era una dama, la cual vino acompañada de su esposo, al cual tampoco se le comunicó que la vestimenta era de blanco y este señor, vestido de riguroso negro cual si asistía a un acto fúnebre, se le permitió, rompiendo todas las reglas del protocolo, acompañar a su señora esposa, la embajadora de Serbia. Según nos contaron personas que estaban presentes, esta comparecencia fue ampliamente criticada.

Siguió luego el señor Embajador de Egipto y aquí no hubo inconvenientes en seguir rigurosamente el protocolo.

Inmediatamente, el doctor Ivo Hlavácek presentó sus credenciales como embajador concurrente de la República de Eslovaquia con sede en La Habana, República de Cuba. Prosiguió el ceremonial con la presentación de credenciales de la Embajadora de Namibia para continuar con el embajador de Taiwán, quien estuvo acompañado de cuatro personas, todos de la embajada de esa isla que anteriormente se denominaba Formosa. Finalmente, presentó sus cartas credenciales el embajador de la República de Cuba, quien también se hizo acompañar de dos personas de su embajada en Santo Domingo.

Se afirma y lo hemos comprobado en múltiples ocasiones, que el dominicano, por el complejo aquel, es más complaciente con los extranjeros que con sus conciudadanos. Nada más cierto. Estamos seguros que si hubiésemos ostentado la nacionalidad eslovaca, de seguro el director del Protocolo nos hubiese hecho pasar para no desairar las autoridades similares de un país extranjero y amigo. Al tratarse de un dominicano, este “funcionario” por no utilizar otro epíteto que le iría mejor a esta persona que cometió un error de juicio y de valor en contra nuestra, se le antojó a última hora notificarnos indirectamente -porque ni siquiera lo hizo personalmente como debió haber sido- que nuestra presencia era improcedente en aquel acto protocolar.

Nosotros hemos redactado este episodio para ilustrar cuál desfasada y falta de tacto y cortesía se encuentra una dirección, que hasta en los tiempos más convulsos, como lo fue después de la Revolución de 1965, se observaron las reglas protocolarias con apego a los usos y costumbres establecidos en el Derecho Internacional.

Desgraciadamente, al que no le permitieron acompañar a su embajador es doctor en Derecho de la Universidad de Santo Domingo y diplomado del Instituto de Altos Estudios Internacionales de la Universidad de París y de la Universidad de Estrasburgo. Por curiosidad, nos gustaría saber, si tanto el director de Protocolo de nuestra Cancillería o el del Palacio Nacional, pueden ostentar un currículo similar al nuestro. Ofende quien puede y no quien quiere, reza la frase popular, y de seguro que de nuestra parte en ningún momento nos podemos sentir, ni ultrajados ni mucho menos vejados. Para terminar, le recomendamos comprar y sobre todo leer el “Gran Libro del Protocolo” de José Antonio de Urbina.