Provincia sin radio

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EDGAR REYES TEJEDA
Al igual que El Quijote, Monte Plata ha cumplido en este 2005 sus cuatrocientos años de historia lenta y accidentada; y distinta al Caballero de la Triste Figura, mi entrañable provincia natal parece indiferente e inerme ante los entuertos e injusticias que han determinado y determinan su pobreza, abandono y olvido.

En todo este mes de abril se ha celebrado con muchísimas fiestas en tarima y escasas conferencias históricas, estas últimas como para cubrir las formas, la fundación de Monte Plata y Bayaguana por parte de los desarraigados y agredidos habitantes de la llamada Banda Norte de la Hispaniola, forzados por la incomprensión y el desatino de la metrópoli, a emprender un penoso éxodo hacia lo que a principios del siglo XVII eran tierras inhóspitas.

Al margen de elucubraciones históricas y sociológicas en torno a la colectividad monteplatense, las causas de su actual miseria y pasividad, quiero deplorar el hecho de que mi provincia, quinta en extensión territorial, abundante en manifestaciones culturales y dueña de una impresionante riqueza ecológica, carezca hoy en día de una emisora de radio.

En efecto, salvo algunas emisoras de fugaz existencia y escasa calidad técnica, algunas de las cuales sólo se instalaron para adquirir el permiso de frecuencia y luego trasladarse a otra ciudad; la historia de los medios de comunicación en Monte Plata, incluida la prensa escrita, ha estado marcada por la frustración y la fugacidad originadas en la ausencia casi total de apoyo publicitario.

La precariedad en que se desenvuelve nuestra provincia, situada en el tristemente célebre tercer lugar en el mapa de pobreza nacional, se refleja entre otros importantes aspectos en la carencia de una emisora radial, aun sea una emisora sencilla a través de la cual fluyan cotidianamente las noticias de la región, donde se estimule mediante la difusión a los cantantes y músicos locales, en donde se oriente a la comunidad, en donde se suscite el debate sobre nuestra realidad y los proyectos para modificarla positivamente.

He lamentado profundamente que la ignorancia sobre la importancia de la publicidad o la resuelta tacañería de nuestro subdesarrollado sector productivo provincial hayan impedido que hasta el momento Monte Plata cuente con ese signo de democracia, modernidad y participación que constituyen los medios de comunicación, y deseo de todo corazón que los sectores decisivos de nuestro desarrollo le entregue como regalo de Cuarto Centenario a nuestra longeva provincia una pequeña emisora radial que pueda prolongarse en el tiempo y librarnos de las exclamaciones de asombro y sorpresa que exponen los visitantes al saber que en Monte Plata no hay ni siquiera una emisora, lo que les resulta casi insólito al tomar en cuenta que hasta las empobrecidas poblaciones fronterizas cuentan con una sencilla pero valiosa presencia radial.