Provocaciones en Taiwán: otro efecto boomerang para Estados Unidos

Provocaciones en Taiwán: otro efecto boomerang para Estados Unidos

Eduardo Klinger Pevida

¿Alguien duda que Estados Unidos ha estado provocando a China en Taiwán? ¿Quién puede pretender ignorar que públicamente Biden ha hablado de “detener” a China? Lo único a que Estados Unidos se ha comprometido es propiciar una solución negociada al litigio nacionalista chino sobre la reunificación legal con la isla china taiwanesa pero azuzando y armando se marcha por el camino inverso. Washington repite que quiere “evitar un conflicto” pero es una conjugación de palabras que en la Casa Blanca cuesta trabajo desentrañar su significado.

Queriendo ignorar que la visita de la presidenta de la Cámara de Representantes, segunda en la sucesión presidencial después de la vicepresidenta, en un avión militar y asumiendo prerrogativas de política exterior que solo corresponden al presidente, fue una provocación desmedida e inaceptable sobre la que Beijing había advertido claramente. No hay desproporción en la respuesta ha sido proporcional con el desafío y la insolencia. ¿Biden permitió le arrebataran funciones de política exterior?.

¿Una estrategia electoral con la pretensión de restaurar la depauperada imagen de los demócratas para las elecciones de medio término? ¿La economía estadounidense soportaría otro golpe de boomerang como el recibido por las sanciones contra Rusia?.

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Se habla de la fortaleza económica de Taiwán por su 35% del mercado de chips y ello constituye, a la vez, una gran vulnerabilidad. Una guerra o bloqueo que corte suministros convulsionaría la economía global. El club del G7, con crisis energética y miedo al frío que pueden sufrir el próximo invierno, ¿soportaría una crisis adicional paralizante?

Lecciones del conflicto en Ucrania: las guerras se evitan y los muertos no los ponen los que las provocan.
Si Estados Unidos con crecientes provocaciones con visitas cada vez más frecuentes y de más alto nivel, pretendía ir acercando la independencia de Taiwán, China decidió dejar claro, definitivamente, que no habrá independencia y que los que intenten provocarla pagarán un precio. Lamentablemente es el único idioma que se entiende. Si la Pelosi llegó a Taipéi llevando lo que dijo era un mensaje solidario, regresó a Washington con otro mensaje: no habrá independencia. De paso transmitió un whatsApp a su amiga china-taiwanés: negocien.

Pelosi, con su bravuconería e impertinencia cambió las reglas de juego y arrinconó a Estados Unidos. Ya nada puede seguir siendo igual. Washington ha estado diciendo que “si” y que “no”. Le llegó la hora de la verdad y tiene que poner la carta sobre la mesa con transparencia, palabra que tanto gusta. El tiro salió por la culata.

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