Prueban una vacuna contra la malaria en 3 países de África

In this photo taken Wednesday, Dec. 11, 2019, health officials vaccine residents of the Malawi village of Tomali, where young children become test subjects for the world's first vaccine against malaria. Babies in three African nations are getting the first and only vaccine for malaria in a pilot program. World health officials want to see how well the vaccine works in Malawi, Ghana and Kenya before recommending its wider use. (AP Photo/Jerome Delay)
In this photo taken Wednesday, Dec. 11, 2019, health officials vaccine residents of the Malawi village of Tomali, where young children become test subjects for the world's first vaccine against malaria. Babies in three African nations are getting the first and only vaccine for malaria in a pilot program. World health officials want to see how well the vaccine works in Malawi, Ghana and Kenya before recommending its wider use. (AP Photo/Jerome Delay)

Un pinchazo en la pierna, un chillido y unas lágrimas. Un bebé tras otro en Malaui están recibiendo la primera y única vacuna contra la malaria, una de las enfermedades más mortíferas y persistentes en el mundo.
La nación sudafricana está proveyendo las inyecciones en un inusual programa piloto junto con Kenia y Ghana. A diferencia de vacunas establecidas que ofrecen una protección casi total, esta es apenas 40% efectiva. Pero los expertos dicen que vale la pena probarla, dado que el progreso contra la malaria está estancado: la resistencia al tratamiento ha aumentado y la caída global de casos se ha nivelado. Con la vacuna, hay esperanzas de ayudar a los niños pequeños durante el período más vulnerable de sus vidas. Diseminada por mosquitos, la malaria mata a más de 400,000 personas al año, dos terceras partes de ellas menores de 5 años y la mayoría en África.
Charity Nangware, de siete meses, recibió una inyección un día lluvioso de diciembre en una clínica en el pueblo de Migowi. Ella miró con curiosidad cuando la aguja entraba en su muslo y entonces chilló. “Estoy muy entusiasmada con esto”, dijo Esther Gonjani, quien sufre los dolores, fiebres y escalofríos de la malaria al menos una vez al año y pierde una semana de trabajo en el campo cuando uno de sus hijos se enferma. “Ellos explicaron que no es perfecta, pero me siento segura de que aliviará el dolor”. No hay muchas formas de escapar de la malaria —“malungo” en el idioma chichewa— especialmente durante los cinco meses de lluvias. Los charcos donde se crían los mosquitos rodean las casas de ladrillo y paja, y flanquean los caminos de tierra a través de plantaciones.