Psicología y delincuencia

El título del presente trabajo no intenta reflejar el aspecto dirigido y referido al uso de la psicología por parte de aquellos que de una forma u otra chocan en contra de lo establecido. Todo lo contrario, va más bien dirigido a todos aquellos que no utilizan la psicología para lograr un mejor enfoque y conocimiento de aquellos que cometiendo faltas contra la sociedad, están pidiendo ayuda y comprensión.

Cabría señalar que las circunstancias de todo tipo pueden convertirse en factores delictógenos, siempre que resulten favorecidas por las especiales características psicológicas de la infancia y la adolescencia, primando como elementos de acunación la sugestibilidad y la excitación emocional.

La afectividad es una de las bases principales de la personalidad; la infancia es crucial a este respecto. La relación madre-niño en primer lugar, luego padre-niño y el enfrentamiento social del YO, van a orientar la psique del individuo hacia el futuro. Aquellas primeras fijaciones y frustraciones afectivas son las que producirán anomalías psíquicas, las cuales se manifestarán por medio de actos irregulares.

Toda carencia de afectividad da lugar a temperamentos inhibidos, depresivos, fantasiosos. La hipertrofia del YO conduce al prurito de afirmación de si frente al medio y aún en contra del medio, ya sea mediante el exhibicionismo moral, o ya sea a través de la oposición apasionada.

Durante la adolescencia se producen desequilibrios sentimentales de manera fácil, los cuales buscan de manera inequívoca la recurrencia hacia la agitación como medio o mecanismo de defensa.

En los albores de la juventud, los extremismos en la autoridad familiar o en otra cualquiera engendran negativismo y complejos de inferioridad, de culpabilidad o una abierta rebelión. Todos estos estados se disparan ante ambientes excitantes o de manera sencilla, por mecanismos de identificación o de proyección; en otras ocasiones, las circunstancias del medio conllevan elementos de orden secundarios que crean y facilitan su asociación con dichos elementos.

Las respuestas frente a los aspectos citados, crean las consecuencias de agresión, fuga y actuación delictiva en grupo. Es de gran importancia especificar que, en términos generales, la delincuencia juvenil femenina es menos antisocial, contrario a lo que ocurre con los muchachos.

El panorama psicológico y la reflexión sobre los aspectos mencionados, llevan a la reconsideración del concepto “delincuente” o, preguntarse: ¿Hasta qué punto la perversidad del menor se da?

Los criterios que definen la perversidad como goce en el mal que hace sufrir, son verdaderamente frágiles, pues el goce procede más de las circunstancias riesgo, deseo de provocar, etc, que de éste mismo.