Público acoge escritores nativos

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POR MARIEN A. CAPITAN
Como si el tiempo no pasara o si no hubiera lectores ávidos que buscan novedades, en la VIII Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2005, los títulos que más se están vendiendo son los mismos que el año pasado: “El Código de Da Vinci” y “Angeles y Demonios”, de Dan Brown; “El monje que vendió su Ferrari”, de Robin Sharma y “El alquimista” de Paolo Coello.

La buena noticia, sin embargo, es que los escritores criollos han tenido muy buena acogida este año. Entre ellos, quizás por aquello de que la feria comenzó en abril, los que más se venden son los relativos a la revolución de 1965: “1965, la invasión norteamericana”, de Víctor Grimaldi; “Coronel Fernández Domínguez, soldado del pueblo y militar de la libertad”, de Arlette Fernández; y “Abril”, de Fidelio Despradel.

Dejando la guerra de lado, hay que resaltar títulos como “Jarabe para la memoria”, de Marino Zapete”; “El año que vivimos en peligro, diario político sentimental de una crisis”, de Pablo McKinney; y “Una escalera para Electra”, de Aída Cartagena Portalatín.

Respecto a los clásicos, se hace honor este año al 400 aniversario del Quijote de la Mancha. Por ello, la edición de la novela es el que más se está vendiendo.

Otros escritores que nunca dejar de estar en el gusto popular son Gabriel García Márquez, ahora con “Memorias de mis putas tristes”; e Isabel Allende, que se estrena con “El bosque de los pigmeos”.

Pasando a lo nuevo, José García, de José Libros y Más, aseguró que la gente está comenzando a inclinarse por los libros que hablan acerca de los enigmas que envuelven a la Iglesia Católica. Entre los títulos que se están comprando destacan “El código secreto”, de Leo Gossmatti; y “El enigma del cuatro”, de Ian Caldwell y Dustin Thomason. En el área jurídica, por otra parte, lo que se está demandando más es el Código Procesal Penal Concordado.

UNA TIBIA MAÑANA VESTIDA DE POESIA

La mañana durante la cuarta jornada de la feria fue bastante tibia. El público, tímido y limitado, ni tan siquiera se detuvo a descubrir las actividades que se realizaban en diversos rincones de la feria.

Quizás todo se deba a que las conferencias, charlas y actos que tienen lugar en los salones de los museos de la Plaza de la Cultura no se promocionan, y por tanto se desconocen, dentro del recinto. ¿Otra opción? Que los jóvenes que asisten a la feria no están interesado en los tópicos que se están tratando.

De una u otra manera es una pena que espacios como el Café Bohemio no hayan contado con público ayer a las diez de la mañana cuando Hortensia González presentó los poemas musicalizados de cuatro escritoras dominicanas que viven en Nueva York: Raven S. Blackstone, Claribel Díaz, Dinorah Coronado y R. Karina Jiménez.

Cantados por Yanira Santa González, quien canta en el Coro Nacional y se estrena en su primer como solista, la idea de ponerle música a estos poemas surgió en el Centro de Desarrollo de la Mujer Dominicana, una institución que trabaja por el desarrollo educativo, económico y cultural de las mujeres dominicanas, latinas y de otras étnicas que residen en Washington Heights/Inwood y otras áreas de Nueva York.

Mejor recibidas han sido, porque no necesitan ningún aviso, las representaciones de teatro callejero que se están llevando a cabo en el recinto ferial. Siempre con don Quijote y Sancho Panza como protagonistas, las obras recogen algún fragmento del famoso libro de Miguel de Cervantes.

Ayer, sin embargo, la presentación estuvo matizada por algunos criollos. Sancho y don Quijote, caminando sobre zancos, hablaban frente a la multitud de niños que se congregaban junto a ellos, mientras un espectador que era menos casual de lo que se suponía debía le pedía a don Quijote que mostrase un retrato de la Dulcinea.

Don Quijote, airado, decía que no. Entonces su provocador argumentaba que no quería hacerlo porque debía tuerta, coja o “gambá”. Al final, de tanto decirse y contradecirse, don Quijote termina en el suelo y los pequeños riéndose de él.

Con humor, logrando que los niños y los jóvenes se identifiquen con el hidalgo, lo mejor de estas representaciones es que son variadas: siempre, aunque se trate del mismo tema, uno se sorprende al ver que lo que los actores hicieron hoy es distinto a lo de ayer.

Así, distinta, también es cada jornada de la feria. Con librerías por rincones y recovecos, con misterios que descubrir en los stands internacionales y con un mundo de libros que ora se repiten o pueden cambiar depende del interés, lo cierto es que siempre faltará algo de tiempo para ver todo lo que aquí converge. Por eso, sin dudas, queda abierta la invitación para el retorno.