Puertorriqueños y dominicanos

Un desafortunado duendecillo mental, que suele sorprender en cualquier momento a cuantos tenemos por oficio relatar hechos y acontecimientos, me llevó a situar la llamada “Danza de los millones” en la década del 30 del pasado siglo, cuando en realidad se produjo hacia los años 20.

Debo precisar, sin embargo, que aunque la industria azucarera declinó a partir del año 1921, la producción de los enclaves privados y las exportaciones del dulce se mantuvieron hasta 1938, naturalmente con precios marcadamente deprimidos.

El destino de los embarques era, para entonces, las grandes naciones de Europa que demandaban nuestro azúcar. Estados Unidos había entrado en el período de la Gran Depresión que afectó todo su comercio, industria y los niveles de consumo.

El sociólogo Franc Báez Evertsz refiere que el azúcar llegó en 1920 a la astronómica suma de 22.5 centavos la libra, para “caer poco después bruscamente a menos de tres centavos”. (Azúcar y dependencia en la República Dominicana, pág. 72; 1978).

Dicho esto, paso a ampliar el tema abordado en mi anterior entrega titulada ¿Volveremos a ser receptores de los hermanos boricuas?

No obstante hoy nos vean con recelos – y hasta atribuyan al dominicano epítetos bastante denigrantes – con Puerto Rico el país ha mantenido una relación de hermandad y cooperación por largos años.

Baste señalar los extraordinarios aportes a la educación dominicana hechos por el insigne maestro Eugenio María de Hostos, y la solidaridad manifestada hacia nosotros por quien fuera cuatro veces gobernador de la isla, Luis Muñoz Marín.

Es lamentable la delicada y coyuntural situación económico-financiera que vive Borinquen en estos momentos, fruto de los estremecimientos de la economía estadounidense, su principal soporte.

Un elemental principio de solidaridad nos compromete moralmente con los hombres y mujeres puertorriqueños.

Como colofón, y a riesgo de que se mal interprete mi opinión, el problema del hermano país, deja la esperanza de que reducirá los irresponsables viajes ilegales, de aquí hacia allá.