Punto: Desarrollo Vs. educación

JOSÉ MERCEDES

Sería imposible que nuestro país logre un verdadero desarrollo económico si no alcanzamos una educación de calidad que permita a los profesionales insertarse en un mercado regido por la competencia y competitividad, con miras a enfrentar la globalización del comercio dentro de un nuevo esquema de producción y servicios, tanto financiero como comunicacional.
Basado en el plan de revolución educativa, el Gobierno ha destinado en siete años más de RD$924,000.3 millones en educación, es decir, el acumulado del 4% del Producto Interno Bruto anual, lo que ha posibilitado sembrar el país de centros educativos, otorgamiento de libros gratis, alimentación adecuada y transporte al estudiantado, así como un mejoramiento sustancial en los sueldos y pensiones al profesorado.
Entonces dónde han estado las fallas expuestas en el informe del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (Pisa). Debemos sentirnos todos culpables por la problemática.
La consulta propuesta por el ministro de Educación, Antonio Peña Mirabal, debe partir de una verdadera reforma educativa factible y eficaz, que cubra todo el sistema partiendo de los despachos de los funcionarios hasta llegar al maestro.
Hoy debemos reivindicar altas decisiones políticos, pero no recursos financieros porque se ha recibido por encima de las expectativas creadas en el sistema educativo.
Esa reforma debe empezar ya, y la que debe estar dirigida a determinar las fuentes que están originando la baja calidad de la educación y, como consecuencia, impidiendo el florecimiento de las potencialidades de desarrollo en los niños y jóvenes.
El presidente Danilo Medina ha sido el propulsor de la revolución educativa y debe estar preocupado por el informe de Pisa. Y es de importancia estratégica para el desarrollo educacional y económico una reforma general porque la educación no ha superado el pasado, cuando en los últimos siete años ha recibido cuantiosos recursos dirigidos a su transformación. Y paradójicamente, está funcionando el generador inicial de las gravísimas debilidades y distorsiones de nuestro sistema educativo.
No se puede pensar en una reforma gradual, porque tiempo ha habido para hacerla y no se ha ejecutado, por lo que se impone inmediatamente y obligatorio el inicio de un programa profundo y objetivo de la preparación de los profesores, columna medular de la ineficiencia del sistema. Si no hay preparación no habrá educación de calidad.