“Putin y la Reconfiguración de su Poder”

Manuel Cruz

No existe tarea alguna más pesada y compleja para cualquier escritor que tratar de analizar a un líder que se desayuna con un plato de estrategias, que almuerza con un buffet de tácticas y cena con todo lo que huela a poder como es el caso de Vladimir Putin. Por eso, las revistas Foreign Affairs y Foreign Policy lo han sindicado en diferentes ocasiones como el hombre más poderoso del mundo. En virtud de ello, siempre quedará uno corto en la descripción de una figura tan enigmática y calculador y, que práctica la política con una visión de suma cero vestido con el uniforme de su antigua KGB.

La Construcción de un Líder.

Alejado de cualquier tipo de valoración axiológica nadie puede negar que, en las 2 últimas décadas en Eurasia Vladimir Putin, Xi Jinping, Erdoğan y Bibi Netanyahu son los líderes más emblemáticos. Sin embargo, en términos personal el caso más icónico es el de Putin; toda vez que, desde la dimisión de Borís Yeltsin llegó al poder como una figura parsimoniosa, cuasi-desconocida y para muchos una persona de valor medio dentro del Kremlin. Empero, con la revitalización de las añoranzas sociales del otrora gran imperio ruso; los papeles que ha jugado en Siria, Georgia, Irán, Venezuela etc. Y, la anexión de Crimea en Ucrania demostró que todos los subestimaron.

De igual forma, el rol probado en el informe Mueller que jugó Putin en la contaminación del proceso electoral de EE.UU., es la prueba inequívoca de que estamos frente a un gigante de la política exterior que, aun no compartiendo quizás su cosmovisión geopolítica del mundo tiene en su currículum el mérito de poder decir que contribuyó a poner a su antojo un presidente en el imperio más poderoso del planeta. Por tal razón, dice Hillary Clinton “que cuando uno se enfrenta a hombres difíciles hay que tomar decisiones difíciles y, ningún otro lo es como Vladimir Putin ya que el mismo tiene una idea del mundo moldeada por la historia de los antiguos poderosos zares de Rusia”.

La Rusia de Putin.
La caída de un imperio tan poderoso que llegó a dividir el mundo por 46 años como fue la URSS, no solo significa la debacle política, económica y social de una hegemonía, sino, que también representa un trauma psicológico y emocional de sus ciudadanos. Por ello, en la era de Putin el mayor de todos sus logros sin dudas ha sido devolverles a los rusos su orgullo de pueblo destinado. En consecuencia, la única explicación a ese 70% de aceptación con el que aparece Putin en todas las encuestas, es porque que los rusos colocaron en un segundo plano todo lo relativo a los valores democráticos en aras de contar con un líder que los convierta en referentes global.
En ese sentido, ese chauvinismo Putin lo viene explotando desde su papel en la 2da guerra de Chechenia, en la guerra con Georgia, en las disyunciones con EE.UU. en el Consejo de Seguridad de la ONU, en la referencia global que se hace del nivel de desarrollo de la tecnología militar rusa y los acuerdos que ha suscrito con diferentes naciones para reposicionamiento geoestratégico de los intereses rusos. Todo ese poder que ha generado se ha puesto en evidencia desde dos escenarios; cuando se convirtió en premier en 2008 y, ahora con su propuesta para que la Duma Estatal escogiera a Mijaíl Mishustin el cual fue escogido sin un solo voto en contra.

La Arquitectura del Futuro.
Conjuntamente con esa genialidad al estilo Von Bismarck, Putin ha mostrado poseer la misma necesidad fisiológica de poder que los líderes comunes. En efecto, a pesar de tener ya 20 años en el poder con los cambios que acaba de comenzar está diseñando su posible retiro de la presidencia con una ventaja de 4 años y con su popularidad en las nubes. Asimismo, con las reformas que ha propuesto evitaría que cualquier otro líder del futuro pueda borrar la imagen del cerebro de los rusos que después de Stalin él ha sido la figura más poderosa. Con una reforma constitucional como la propuesta tendría la posibilidad de habilitarse para 2024 o ejercer el poder otra vez como primer ministro.

Para ese propósito, necesitaba a una figura sin mayores ambiciones políticas, sin un liderazgo dentro del Kremlin, prácticamente desconocido por el pueblo y bajo la lógica de su absoluta lealtad a la visión y liderazgo que Putin encabeza. Además, cuasi-jubila a Dmitri Medvédev nombrándolo una especie de vicepresidente del Consejo de Seguridad ruso, pues a pesar de que su popularidad ha caído a un 37% Medvédev si es un político ducho y ampliamente conocido por el pueblo. Eso prueba que, como dijo el novelista español Antonio Gala “al poder le ocurre como al nogal, no deja crecer nada bajo su sombra”.