Qué se dice  
PLD: el pleito va

Después de estar por años pareciendo inmune al germen de las divergencias profundas, el Partido de la Liberación Dominicana comienza a mostrarse como una organización que tendría que pagar un alto precio antes de definirse entre el danilismo y la reelección. Hasta ahora, el morado había sido un partido bien plantado para atravesar procesos de selección de candidatos en luchas internas que no causaron traumas.

 Pero ahora el peledeísmo se encuentra en un dilema esencial en el que deberá mantener o relevar su liderazgo supremo, encarnado  por un Leonel Fernández en el ejercicio del poder, y con alta aceptación pública todavía, enfrentando a un Danilo Medina con la talla de aspirante muy bien situado a lo interno de la organización  morada. Fue notorio que su renuncia a la elevada condición ministerial que tenía en Palacio, estremeció no sólo al oficialismo sino a la política dominicana en general. La rivalidad que tan anticipadamente ha aparecido, da señales de que se acrecentará más allá de lo conveniente, lo que podría causar daños al partido en el poder, en momentos en el que el gobierno tiene perdida la batalla por una rectificación o reforma fiscal (hay quienes dicen que no sería ni una cosa ni la otra) mientras crece la insatisfacción en la ciudadanía porque en medio del amagar y no dar de las autoridades, los precios de muchos artículos de primera necesidad están subiendo. Se trata de una prueba difícil para la popularidad del Presidente, mientras se hace demasiado evidente que Medina ha sido, sin bulla hacia el exterior del partido, un político especialmente dotado para la relación personal con sus copartidarios, logrando comprometer con su causa a muchos de ellos. Su estilo, simple, directo y cordial, superaría al de Leonel, teórico y formal, y a quien los imperativos del alto cargo parecen alejar demasiado de la gente común y corriente.

 

Doblando por la Paraguay

  En el curso de cualquier acontecimiento, la “curvita” final puede dar oportunidad para asestar reveses inesperados. De eso supo el PRD cuando uno de los suyos, Rafael Peguero Méndez, le arrebató la presidencia de la Cámara Baja a otro perredeísta meritorio y emblemático: Winston Arnaud. Y también lo vivió cuando en un golpe acechado la reforma constitucional prometida al doctor José Francisco Peña Gómez en 1994 incluyó inesperadamente un tope muy alto para poder ganar en la primera vuelta que fue determinante para que no pudiera resultar triunfador en las elecciones de dos años después. Ahora vino la “cuesta” de la elección de los jueces de la Junta Central Electoral, y cuando la alta dirigencia y un sector importante del partido blanco daban por seguro que serían representados en el organismo por el señor Rafael Díaz Filpo, la tortilla se viró. Se habla de irrespectos de senadores a directrices, y se alega que el licenciado Eddy Olivares (el supuesto a ser suplente que resultó titular) se benefició de una insospechada confabulación de mansos y cimarrones, puesto que para llevarlo a la posición de juez obraron voluntades propias (del PRD) y ajenas (del PLD). Unas 24 horas antes, el presidente del Jacho, Ramón Alburquerque, todavía proclamaba con alborozo que estaba muy satisfecho con la “transparencia” de la elección de los jueces de la JCE.

 

Un hombre meritorio

  Por su verticalidad y honestidad, Luis Felipe Rodríguez fue quitado hace más de dos años de la función de oficial del Estado Civil en el municipio de Santo Domingo Este. Había estado combatiendo los procedimientos abusivos de cobro por la expedición de actas de nacimiento, asumiendo la defensa de los intereses del ciudadano común, aun sabiendo que eso le podía costar un puesto tan lucrativo como es todavía en este país el de juez civil. Conmovió a la nación el que abominara del estilo predominante que mantiene a las oficialías civiles como “minas de cuartos” que la Junta asigna exclusivamente a sus personajes favoritos. Renunciar al “mango bajito” para contraponerse a situaciones injustas, muy enraizadas en el Estado, es algo bastante excepcional en este medio. Luis Felipe Rodríguez aspiró recientemente a ser miembro de la Junta Central Electoral pero no lo dejaron pasar. Se diría, sin embargo, que es un hombre de las mismas condiciones de algunos de los que resultaron elegidos y que fueron reconocidos por sus altos méritos personales. Su brillante pasado justificaría que lo tomen en cuenta para alguna importante función en el sistema de registro de identidad y electoral de este país.