¿Qué costos y beneficios puede tener
la emisión monetaria?

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POR ADOLFO MARTÍ GUTIÉRREZ
En economías con altos crecimientos de su emisión monetaria y las tasas de inflación pueden reflejarse componentes, tanto de “señoriaje” como por “impuesto inflacionario”, que originan fuentes importantes de financiamiento del gasto público.

Por tanto, la transición entre situaciones de alta a baja inflación obliga a sustituir tales fuentes de recursos por otras, como los impuestos formales, la venta de activos públicos o la reducción del gasto público. Estas consideraciones también invitan a reflexionar sobre el origen de los ingresos y egresos del Banco Central en torno a la emisión del dinero de base (o base monetaria), y sobre el futuro de sus magnitudes.

El dinero que circula en un país es básicamente un activo financiero para los particulares y un pasivo para sus emisores, es decir para el banco central y los bancos comerciales. En sentido amplio, se entiende por dinero primario de un Banco Central (banco emisor) al dinero que un Banco Central crea pero que al mismo tiempo expande o restringe. Es la suma del efectivo en manos del público y las reservas que tienen congeladas los bancos comerciales. De manera más estricta (o más líquida), el dinero base de un Banco Central se conoce como emisión monetaria, y agrega la suma de los billetes nuevos que se emiten y aquellos que se recogen, a través de las reservas que deben guardar los bancos. Por tanto, siempre que la emisión de dinero en una economía impacte en el nivel de precios permitirá la obtención de ingresos para el banco emisor y, al mismo tiempo generará pérdidas de capital a los poseedores de ese dinero.

DEFINICIÓN Y MEDICIÓN

Es reconocido en la literatura económica que los conceptos de “impuesto inflación” y “señoriaje” están estrechamente vinculados. El impuesto inflación es un costo que refiere las pérdidas de capital que sufren los agentes que poseen dinero debido a los efectos de la inflación. El señoriaje, es un ingreso que percibe el gobierno debido al poder monopólico de poder imprimir la moneda.  

Diríamos que están vinculados, pero en sentido opuesto. El “impuesto inflación” se entiende como una pérdida de poder de compra que sufren los particulares en sus saldos de dinero debido a la inflación. Esta pérdida implica una consecuente transferencia de poder de compra desde los que han emitido el dinero hacia quienes han recibido préstamos de ellas. En este sentido, la inflación es un “impuesto informal” a la tenencia de dinero. Este impuesto se mide multiplicando la emisión monetaria real (dividida por el índice de precios al consumidor) por la tasa de inflación. En su libro de “Macroeconomía”, Juan Carlos de Pablo (1991) expone de manera extraordinaria los alcances de considerar la inflación como un impuesto. Sostiene que, mientras un profesor que esté explicando economía, sus alumnos mantengan en sus bolsillos billetes emitidos por el Banco Central mientras dura la clase es, en una economía inflacionaria, equivalente a decir que en una economía con estabilidad de precios dicho profesor y sus alumnos paguen, por la tenencia de los mencionados billetes, un impuesto igual a la tasa de inflación que hubo mientras duró la clase.  

Uno de los debates permanentes en el tema de los costos derivados de la emisión monetaria es el que tiene que ver con la elusión impositiva que enfrenta un gobierno que desea aumentar el financiamiento de su gasto público con impuesto inflacionario. Y es un tema de debate porque, normalmente, el gobierno tiene que enfrentar la erosión del valor real del resto de los impuestos, resultado del hecho de que, en la práctica, la indexación entre el momento en que se produce el hecho imponible y el momento en que se efectivamente se paga el impuesto no es perfecta. Esta variación es lo que en teoría se denomina como “efecto Olivera-Tanzi” (1977). También es punto de debate el aumento del gasto público, particularmente en pago de intereses de la deuda pública a tasa de interés flotante, que genera el aumento de la tasa de inflación.

En cambio, el señoriaje hace alusión a que los gobiernos pueden obtener una determinada cantidad de ingresos mediante la posibilidad de crear dinero. El término señoriaje hace referencia a un impuesto establecido por los señores feudales para convertir oro no monetario en dinero. Así, se entiende por “señoriaje” el poder de compra derivado de la expansión monetaria, es decir, el aumento que haya experimentado la emisión de dinero en términos reales. Así, el ingreso por señoriaje en la economía de un país equivale al producto de dos factores: el saldo real de dinero y la tasa de aumento de la cantidad nominal de dinero. El señoriaje es, por tanto, un “recaudo” de poder de compra que beneficia a quienes emiten dinero.

La diferencia entre el señoriaje y el impuesto inflacionario radica en la acción de considerar el producto de los saldos reales de dinero por sus tasas de crecimiento. Si la tasa de crecimiento de los saldos nominales de dinero es mayor o menor que la tasa de inflación el señoriaje será mayor o menor que el impuesto inflacionario, y estará creciendo o decreciendo el saldo real de dinero. Cuando el saldo real de dinero permanece constante el señoriaje es igual al impuesto inflacionario. Por tanto, aún si la economía no tuviera inflación pero su producto real creciera, los agentes privados querrían acrecentar sus saldos reales de dinero; al hacerlo permitirán que se recaude el señoraje, y éste sería de magnitud positiva. Pero cuando el producto real de la economía crece muy poco o decrece, ocasionando un estancamiento o una disminución de los saldos reales demandados mientras que la tasa de inflación sigue siendo de magnitud significativa, podría suceder que el señoriaje se torne muy pequeño, casi cero, e inferior al impuesto inflacionario.

Cuando se compara el señoriaje o el impuesto inflacionario con el Producto Interno Bruto (PIB) o con el ingreso tributario formal (lo percibido por el Estado por toda suerte de tributos excepto por el señoriaje o por el impuesto inflacionario) se logra una idea más clara de la importancia de estas transferencias de poder de compra. Tanto el señoriaje como el impuesto inflacionario son magnitudes reales o poderes de compra. Si se dividen por el PIB real o por los ingresos tributarios reales (lo recaudado en términos reales) se transforman en proporciones.

ESTIMACIONES PARA REPÚBLICA DOMINICANA

De manera general, en la economía dominicana puede comprobarse el cumplimiento de la teoría económica. Aquellos años en los cuales el crecimiento de los saldos nominales de la emisión monetaria fueron mayores que las tasas de inflación, los ingresos por señoriaje fueron mayores que los ingresos por el impuesto inflacionario. Y viceversa, los años en los cuales las tasas de inflación superaron los saldos nominales de la emisión monetaria, los ingresos del impuesto inflacionario superaron los ingresos por señoriaje. 

La economía dominicana creció muy por encima de 5% en la década de los ochenta. Sin embargo, durante esos años el crecimiento de la emisión monetaria y la tasa de inflación superaron un promedio de 28%. Esta situación conllevó a que durante esa década se destacara el comportamiento derivado de grandes cambios en la emisión monetaria, a través de señoriaje e inflación. Mientras el señoriaje representó al gobierno ingresos promedios de 1.17% del PIB, absorbiendo el 19.7% de los ingresos tributarios, el impuesto por inflación representó en la década un 1.17% del PIB y un 17.4% de los ingresos tributarios.

En la década de los noventa, una caída promedio relativa en el crecimiento de la emisión monetaria y de la tasa de inflación provocó un menor señoriaje (1.1% del PIB) y, por tanto, un menor impuesto inflacionario (0.64% del PIB). No obstante, debido a un crecimiento extraordinario de los saldos reales de la base monetaria en 2003, fruto del proceso de quiebra e intervención de tres entidades bancarias, el señoriaje pudo representar 4.8% del PIB en dicho año y el impuesto inflación algo más de 2% del PIB. Sólo en 2003, los ingresos por señoriaje y los costos por el impuesto inflación representaron 52.3 y 22.0% de los ingresos tributarios del Gobierno Central. Los déficits acaecidos de los sectores real, monetario y financiero se evidenciaron de manera transitoria. Ya en 2004, si bien la contracción en 5.9% de la emisión monetaria en el mes de septiembre podría incidir a un menor crecimiento del señoriaje y el impuesto por inflación, estos aún representan cerca de 1.3% del PIB, debido a que la inflación anualizada supera niveles de crecimiento de más de 45%, motivada por la resaca de los desajustes fiscales y financieros.

Promediando los años recientes entre 2002 y 2004, sin duda por causas relacionadas con la desaceleración del PIB real y de los saldos reales de la base monetaria, la caída de los ingresos por señoriaje han contrastado por el crecimiento del impuesto inflacionario. Es de destacar además del comportamiento de la inflación, del PIB real, y de sus factores determinantes, que la política de alterar las reservas de depósitos bancarios en el Banco Central y la política de intervención cambiaria para elevar las reservas monetarias internacionales, también contribuyen a los cambios que puedan experimentar el señoriaje y el impuesto inflacionario. Igualmente, debemos tener presente, que los costos y beneficios asociados a los cambios de la emisión monetaria alterarán en términos relativos la demanda de saldos reales de los componentes del dinero.

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El autor es economista y profesor universitario.

adolfomarti@codetel.net.do