¿Qué efectos traerá el TLC de EEUU
con Centroamérica?

POR ADOLFO MARTÍ GUTIÉRREZ
 La República Dominicana y los países de Centroamérica han venido llevando adelante un intenso programa de divulgación y consulta con sectores, gremios, empresas y público en general sobre las implicaciones de la firma de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con los Estados Unidos. Fruto de este ejercicio y del conocimiento que el público ha venido adquiriendo sobre las ventajas y desventajas eventuales que el acuerdo ha de generar, existe hoy una amplia mayoría de dominicanos que apoya esta iniciativa por considerarla beneficiosa para el desarrollo y el futuro del país. El acuerdo con Centroamérica y EEUU (CAFTA) abrirá las puertas a nuevas oportunidades de trabajo y oferta de bienes, pudiendo preverse que el consumidor será uno de los grandes ganadores. No obstante, el acuerdo requerirá también mejorar la capacidad nacional para competir y generar empleos, pues sólo en la medida en que en el país mejoren esos programas de preparación y capacitación podrá captarse una mayor cantidad de empleos mejor remunerados.

Para República Dominicana el CAFTA constituye un valioso instrumento de desarrollo que le permitirá, entre otros, aumentar sus exportaciones a los Estados Unidos (su principal mercado), aumentar las importaciones de productos estadounidenses en mejores condiciones (favoreciendo de ese modo la competitividad de las empresas por un lado, y el bienestar de los consumidores por otro), generar mayor competencia en los mercados centroamericanos, aumentar los flujos de inversión y generar más y mejores fuentes de empleo.

Efectos macroeconómicos

Según diversos libros y documentos consultados sobre el impacto del TLC, la cuantificación de los efectos macroeconómicos esperados entre los países de Centroamérica y los Estados Unidos (CAFTA) debió haberse previsto hace ya unos años. Pero eso no pudo lograrse. Aun así, partiendo de determinados supuestos, se pueden estimar posibles implicaciones que este acuerdo comercial tendrá en el sector real, las cuentas fiscales, la balanza comercial, el flujo de capitales, los niveles de inflación y la distribución del ingreso y la riqueza de los países.

A diferencia de otras naciones como Chile o Singapur (que han firmado recientemente acuerdos de libre comercio con los Estados Unidos), las economías centroamericanas han disfrutado por más de veinte años de la Iniciativa para la Cuenca del Caribe (ICC), que en sus diferentes versiones ha permitido el acceso de la casi totalidad de sus productos al mercado estadounidense sin tener que pagar gravámenes arancelarios. Esta realidad, marca una diferencia muy importante cuando se examina el efecto que sobre las principales variables macroeconómicas tendrá la entrada en vigencia del CAFTA, pues muchos de los beneficios que una reducción o eliminación de aranceles tiene sobre las exportaciones y los flujos de inversión extranjera directa ya se han materializado en la región desde el momento en que las cinco economías fueron incluidas en la ICC.

La “Revista Centroamérica en la Economía Mundial del Siglo XXI” (2004) reconoce la poca claridad que existe en poder medir la magnitud de las pérdidas o ganancias que ofrecería un acuerdo de libre comercio en las actividades productivas de un país o en la distribución y generación de ingresos. No obstante, considera sí podría inferirse que el impacto sobre el comercio de bienes y servicios podría analizarse desde cinco ángulos diferentes: a) sobre las exportaciones a los Estados Unidos, b) el comercio intra-centroamericano; c) las importaciones de Estados Unidos; d) las implicaciones fiscales; y e) sobre la inversión extranjera.

En cuanto a las exportaciones a Estados Unidos no es de esperar que éstas se eleven significativamente como consecuencia del CAFTA. Hoy día, un gran porcentaje de los bienes y servicios que Centroamérica exporta a Estados Unidos está exento del pago de aranceles como resultado de la ICC. Lo que hará fundamentalmente el TLC será consolidar esos beneficios, pero quizás sin conceder nuevas ventajas, razón por la cual la entrada en vigencia del acuerdo de libre comercio no modificaría en lo esencial la actual situación de acceso al mercado estadounidense.

En lo que concierne al comercio intra-centroamericano, es de suponer que la competencia en los mercados nacionales aumentará conforme las economías reduzcan la protección arancelaria a los productos provenientes de Estados Unidos. En consecuencia, es de esperar que, ante un mayor número de oferentes, las empresas de la región vean reducir la posibilidad de seguir colocando su producción en los países del Istmo. El grado de disminución de las exportaciones dependerá de la capacidad competitiva de las compañías centroamericanas, pero también de la agresividad y prácticas comerciales de las transnacionales estadounidenses.

Referente a las importaciones provenientes de Estados Unidos y como consecuencia de la desgravación arancelaria que se hará en los países de la región, el efecto esperado es el de un aumento significativo de las importaciones. Aún cuando los aranceles promedio se han venido reduciendo en Centroamérica en los últimos años, todavía existe una cantidad importante de productos que tienen elevados impuestos de importación. La eliminación de esos tributos posiblemente tendrá como resultado una disminución del precio al consumidor, lo cual redundaría en un aumento en la demanda de los bienes estadounidenses.

Aproximadamente la mitad de la recaudación arancelaria de los países centroamericanos proviene de la importación de mercancías procedentes de Estados Unidos. La entrada en vigencia del TLC eliminará esta fuente de ingresos fiscales. Eso significa que, a corto plazo, será necesario encontrar nuevos tributos que compensen esa pérdida tributaria. Con respecto al gasto público es probable que éste se incremente como consecuencia de los costos de aplicación del tratado.

De igual manera, la apertura de la cuenta de capitales en todas las naciones ofrece confianza a quienes quieren invertir en Centroamérica. Debido a que una buena parte de la inversión extranjera directa establecida bajo el régimen de zonas francas de la OMC, concluirán sus exoneraciones fiscales dentro de unos años posiblemente las nuevas inversiones dependerán más de las nuevas condiciones que se establezcan respecto a las zonas francas que de los términos negociados en el CAFTA. Es necesario señalar que desde el punto de vista económico las nuevas entradas de capital podrían ayudar a financiar los desequilibrios comerciales, pero no deben considerarse como verdaderas inversiones, generadoras de mayor producción y empleo, sino más bien como transferencias en la propiedad del capital. Aunque no existen estudios concretos que cuantifiquen el impacto del CAFTA sobre la inversión extranjera directa, es muy probable que su efecto sea positivo, pero no significativo.

El resultado combinado de todos estos efectos sobre exportaciones e importaciones sería un incremento en el déficit de la balanza comercial del país. Esto, evidentemente, obligaría a obtener recursos adicionales para financiar el mayor desequilibrio comercial y, posiblemente, pondría presiones adicionales sobre el tipo de cambio y el ritmo de la devaluación. Obviamente, es probable también que estos desequilibrios puedan llegar a alterar el ritmo de la inflación.

El tratado

La negociación del TLC con Estados Unidos se finalizó en el mes diciembre de 2003 y la República Dominicana la finalizó a mediados del mes de enero de 2004. El CAFTA se compone de veintidós capítulos y sus respectivos anexos. Los temas negociados son los mismos que los que integran la Ronda de Doha de la Organización Mundial de Comercio (OMC): Acceso a Mercados; Inversiones; Propiedad Intelectual; Compras del Sector Público; Laboral; Ambiental; Solución de Controversias; Agricultura; Comercio Transfronterizo de Servicios; y Textiles.

Hoy, los tratados bilaterales de libre comercio han tenido un nuevo impulso, como parte de una estrategia complementaria utilizada por los Estados Unidos, ante el estancamiento de las negociaciones en la Organización Mundial de Comercio (OMC) y del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Esta estrategia tiene como fin avanzar en los objetivos políticos y económicos estadounidenses de si no avanzan las negociaciones en ambas instancias, lograr propósitos a nivel bilateral e incluso en muchos casos más de lo que han logrado en esos escenarios multilaterales, como en el caso del TLC-EU-CA.

El autor es economista y profesor universitario. E-Mail: adolfomarti@verizon.net.do