¿Qué es la violencia vicaria y qué logra un agresor a través de ella?

¿Qué es la violencia vicaria y qué logra un agresor a través de ella?

Las múltiples formas de violencia que se ejercen contra las mujeres son visibles, incluso gozan de mucha tolerancia social, lo que afecta su prevención y persecución.

Dentro del abanico de violencia contra las mujeres conocemos: la prostitución, trata, acoso sexual, violencia emocional, maternidad subrogada, brecha salarial, agresión sexual fuera y dentro de las relaciones de pareja, golpes, destrucción moral, humillaciones, torturas…. todo en un marco de violencia simbólica que permite su legitimación.

Dentro de esta violencia que no es tan evidente como la física está la violencia vicaria, una de las formas más cruel y despiadada porque causa un daño irreparable y destruye a la mujer.

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¿Qué es la violencia vicaria?

Según una investigación de la Universidad Complutense de Madrid, se explica que la violencia vicaria es aquella que tiene como objetivo dañar a la mujer a través de sus seres queridos y especialmente de sus hijos.

El padre o la pareja sentimental ejerce una violencia extrema contra sus criaturas, llegando incluso a causarles la muerte, utilizando recursos de particular crueldad para la eliminación de los cadáveres en muchas ocasiones. El ánimo de causar daño a su pareja o expareja a toda costa supera cualquier afecto que pueda sentir por ellos.

El daño a los hijos es la parte más visible de esta forma de violencia extrema que destruye a la mujer para siempre; pero es habitual la manipulación de los hijos para que se pongan en contra de la madre o incluso la agredan.

Estos sufren un daño irreparable y son también víctimas de violencia de género. El objetivo es el control y el dominio sobre la mujer, en un alarde máximo de posesión en una relación de poder que se sustenta en la desigualdad.

El Instituto de la Mujer de Castilla La Mancha, en España, encargó en el año 2021 la realización de un estudio sobre este fenómeno que empezaba a tener un enorme eco en el mundo. Se hablaba de la “violencia vicaria”, un término que había acuñado la psicóloga forense Sonia Vaccaro hace más de una década, cuando descubrió que existía un tipo de violencia tras la separación de un matrimonio que se consumaba a través de los hijos.

¿Cómo se manifiesta la violencia vicaria?

La violencia vicaria puede tener diversas manifestaciones, pero entre las más comunes se encuentran:
Amenazas de llevarse a los niños, quitarle la custodia o incluso matarlos.

Aprovechar la presencia de los hijos para insultar a la madre, hablar mal de ella, humillarla y amenazarla.
Interrumpir los tratamientos médicos o farmacológicos de los niños cuando deberían estar en tratamiento.

Utilizar los momentos del régimen de visitas para inventarse información dolorosa acerca de los hijos o la ausencia de información durante esos días.

Visibilizar esta forma de violencia

La relatora especial de la ONU sobre la Violencia Contra la Mujer, Reem Alsalem, ha advertido que la violencia vicaria se ha convertido en un “problema global” y no ha descartado la posibilidad de elaborar un informe mundial para 2023.

“Le estamos poniendo nombre, y al ponerle nombre empezamos a identificar los casos», porque «cuando no tienes cómo nombrar lo que está ocurriendo, muchas veces se diluye el significado de lo que ocurre, y no se ponen herramientas para erradicarlo”, añade.

Cómo enfrentarla

Según indica la Universidad Complutense en su estudio, para luchar contra la violencia vicaria es necesario que las sociedades tomen conciencia de la realidad de la violencia de género y los poderes del Estado no admitan la negación y, por tanto, dejen de justificarla.

Así mismo se explica que la mejor forma de combatir este tipo de violencia de género es la educación en todos los ámbitos, educar a las sociedades para las nuevas generaciones e incitar las acciones desensibilización dirigidas al tema.

Ojo con las amenazas

Cuando un hombre amenaza a una mujer con quitarle a sus hijos está dando signos claros de violencia vicaria. Las amenazas a las mujeres con sus hijos deben hacer saltar todas las alarmas. La protección a las víctimas de violencia de género es esencial, reconociendo que un maltratador nunca puede ser un buen padre.

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