¿Qué es lo politíco?

DIÓMEDES MERCEDES
Si los intereses de los gobiernos fueran humanos, equipos de economistas, médicos, ecólogos, sociólogos y urbanistas gobernarían al frente de otros profesionales y científicos. No siendo así, son todos ellos subalternos de la política de los políticos, estos intermediarios entre Dios (el poder) y los hombres y la mujeres, sirviendo solo a Dios contra hombres y mujeres a los que tienen la misión de convencer de que llevar yugo es bueno, estando ellos divinamente designados para montárnoslos.

Mientras dirigía la pasada campaña de los -API-, surgió dentro de este agrupamiento democrático, cívico y revolucionario una rebelión interna, de quienes me acusan de no ser político y ante quienes me parapeto tras del lema, “Justicia; Aquí no se negocia nada,” lo cual dicen, les da la razón: pero con lo que creemos estamos barrenando el paradigma actual de los políticos, inaugurando otra cosa.

¿Qué es la política?. Es en Hannah Arendt* en quien encuentro al repuesta con la cual mejor me adecuo cuando dice: “El sentido de la política es la libertad”, vista como actividad conducente a que los sujetos tocados por ella seamos libres y más libres, cada día, contrario al sentido de empresa a la que alude el criterio oficial de la democracia norteamericana, en cuyo nombre y por cuyos negocios, se reprime para uniformizar al mundo llenándolo de mansos clones.

Pero Hannah Arendt, al situar como lo logra el sentido de la política únicamente en el ámbito de la libertad la limita. Partiendo de ella misma nuestra percepción es que la política es institucionalización del cambio, del perenne movimiento que crea la expansión de la libertad, de la democracia, la justicia y el bienestar integral de cada persona en su ámbito.

Arendt centró la atención de la política en la libertad como filósofa rebelde a la circunstancia del tiempo en el que vivió, como intelectual y como profeta de otro tiempo, al cual le prescribió el derecho que se le prohibió a ella disfrutar; el derecho a la libertad de lo diferente, de la diversidad; defendiendo la multiplicidad, por ridícula, minúscula o sorprendentes que sean para el Estado. Se rebelaba al absolutismo ideológico político, económico, religioso, filosófico y a la muerte del mundo implícita en cualquier uniformidad. Mundo es diversidad; un jardín.

Este es el encanto de su teoría, hecha entre los escombros materiales y psicológicos de la Primera y Segunda Guerras Mundiales: teorías destinadas a algo prioritario que defendió, pero insuficiente hoy sin los aspectos que agregamos, para la urgencia actual de un mundo amenazado, requeridor de optimismos políticos nuevos para impedir el fin de la historia.

Hay tiempos que son de susto para la historia y que sin embargo la promueven. Dos específicos momentos pasados, como el actual, dieron gran impulso a occidente, el primero con el Renacimiento y luego con la Reforma. Algo así está comenzando a suceder, justo cuando se quiere infertilizar a la humanidad para que termine el mundo como jardín, y termine la historia, y justo por eso mismo, los ejemplos del Renacimiento y la Reforma nos alientan para que la historia continúe con más brío su desarrollo humano.

Hacer política no es negociar cuotas de poder dentro del ventorrillo local. Hacer política es pensar en lo esencial humano.

Lo político es fermentar y dirigir el cambio desde la creación de las ideas que lo lideren, para que el sujeto, hoy objeto de la política transforme su pensar, transforme la naturaleza de lo político vigente y desmonte su mecánica; para que entonces el mundo político retrasado alcance los adelantos científicos y materiales que nos privilegian.

Nuestras tareas sean o no “políticas”, son las de desacralizar los referentes y la iconografía del poder vigente, dar impulso a la creación de nuevas ideas que sirvan para liberar del conflicto ético a tantas gentes pensantes atrapadas en la dicotomía de la elección entre conciencia y poder, optando por el poder, con lo que abandonan en el naufragio al resto de las personas, rompiendo el proyecto humano, quedando todas convertidos en despojos humanos, por miedo.

Germen raro el que no es “político”, para negociar con el poder su bocado de cada día, a cambio de abandonar la dignidad humana y al mundo por el poder degradado. Seguiré siendo el mismo terco, el poder no me tienta, si el cambio. Aunque lo declaro, estoy cansado.

*Hannah Arendt: filósofa norteamericana de origen alemán, 1906-1975. Estudió las causas y tendencias de los regímenes totalitarios.